Pedro Sánchez, parece
haberle cogido el gusto al empleo de recursos públicos para sus actividades
privadas. El que desde la oposición abogaba por la honestidad y la trasparencia
como requisitos obligados de un gobernante, se ha convertido en un gobernante que
hace gala de una hipocresía y cinismo insultante.
Hace pocos días, Sánchez y
su familia, se desplazaron a Lanzarote para disfrutar de sus vacaciones en un
avión militar. Aún recordamos como a los pocos días de acceder ilegítimamente a
la presidencia del Gobierno, utilizó el avión presidencial de nuestra Fuerza
Aérea para, junto con su esposa, acudir a un concierto de rock en Castellón. Y
no es solo eso, también usó un helicóptero oficial para acudir a la boda de su
cuñado en un pueblo de La Rioja.
Todas las peticiones
amparadas en la Ley de Transparencia para que Sánchez aclare el costo de sus
caprichos, o han recibido respuestas con cantidades ridículas y falsas, o ha
utilizado el falaz argumento de que sus viajes privados son secreto de Estado,
un insulto a la inteligencia.
Cada día estoy más
convencido, de que el único objetivo de Pedro Sánchez al llegar a la
presidencia era un objetivo personal, pasar a la historia, garantizarse
suculentos ingresos para el resto de su vida, y durante su mandato, abusar de
todos los medios que el puesto que ocupa le pone a su disposición para vivir a
tutiplén. Y para conseguirlo, no dudó a la hora de prometer que convocaría de
inmediato elecciones generales y no cumplirlo, y aceptar los votos en la Moción
de Censura de los que desean lo peor para España a sabiendas de que nunca le
derribarían con tal de no dejarle paso a la derecha.
Pedro Sánchez, ha
demostrado ser un político sin escrúpulos, y lo ha hecho con claridad en la forma
de llegar a la presidencia del Gobierno, y en cómo se comporta tras llegar a
ella. Pensábamos que era imposible que otro presidente superara a Zapatero,
pero a estas alturas, tengo la impresión de que este tipo ha sido su alumno más
aventajado.
