Para conocer certeramente
el nivel de degradación de nuestra partitocracia, no hay nada más que observar,
el trato que le dispensan a nuestro presidente, todos esos medios de
comunicación que el PP le regaló a los enemigos de nuestra Nación, y que salvo
honrosas excepciones, comparten trinchera con ese Frente Popular formado por
socialistas, comunistas, separatistas y proetarras, decidido a acabar con
España.
El okupa de La Moncloa,
hizo una Moción de Censura bajo la promesa de convocar elecciones de forma
inmediata, y nada más trincar el poder decidió, que de allí no lo echan ni con
agua hirviendo. Nos aseguró no hace mucho, que jamás pactaría con populistas ni
independentistas, justamente sus aliados de ahora. También afirmó con
rotundidad, que lo sucedido en Cataluña era clara rebelión, mientras que tras
tomar el poder solo ve sedición. En 2015, declaró solemnemente Sánchez, que
expulsaría de su Gobierno a todo aquel que utilizase una sociedad para pagar
menos impuestos, y tampoco lo ha cumplido. Tenemos el presidente más embustero
de nuestra Democracia.
De todos los escándalos que
han sacudido a sus ministros, el último es sangrante. La ministra de Economía,
Nadia Calviño, compró una casa de lujo en el madrileño barrio de Mirasierra,
adquirida a nombre de una sociedad patrimonial creada a tal efecto, y encima,
valiéndose de dos testaferros para formalizar su constitución. El caso es, que
en los últimos cinco años, ingresó casi un cuarto de millón de euros y apenas
pagó cinco mil euros por el Impuesto de Sociedades, solo un 2% frente al 25%
que paga “todo quisqui”. Como Sánchez sabe, que no puede destituir a más
ministros sin irse el por su Master fraudulento, consiente ya todas las
golferías de los ministros de su Gobierno, que más que Gobierno parecen “Curro
Jiménez y su banda”.
Curiosamente, todos esos
medios pro Frente Popular, informan muy escasamente de todos esos casos que
afectan a Sánchez y a su Gobierno, aceptan las infumables explicaciones que les
dan, e incluso se muestran comprensivos con sus autores, en cambio, lo más mínimo
que haga un político de un partido no de izquierdas, es agrandado con la mayor
de las desfachateces. Nunca debemos de perdonar al Partido Popular lo que hizo
con las TV y diferentes medios de comunicación. Si querían suicidarse vale,
pero que hipotequen el futuro de España por una decisión absurda, es
incomprensible. Y luego, se quejan de que sus votantes les abandonen.
