Pedro Sánchez, acaba de
anunciar en una de sus escalas hispanoamericanas, la creación de la llamada “Comisión
de la Verdad” cuya misión sería la de establecer su versión, ideológica y
partidista, de la Historia de España desde el Alzamiento Militar del 18 de
julio de 1936 hasta la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975.
Lo que debería ser misión de
los historiadores, como no podía ser de otro modo, se le encargará a personas
que se identifican con los afortunadamente perdedores, el resultado está
cantado, es totalmente previsible. Menos mal, que aún quedan muchos españoles
que le pueden contar la verdad de lo que sucedió a sus hijos y nietos.
Al comenzar esta comisión a
estudiar nuestra historia desde el 18 de julio de 1936, evitan tener que
reconocer, que pocos días antes del Alzamiento, pistoleros del PSOE asesinaron
al líder de la oposición, a Calvo Sotelo, y que ese horrendo crimen fue la
chispa que provocó el comienzo de la Guerra Civil. Al comenzar a investigar
desde ese 18 de julio, también evitan reconocer las atrocidades cometidas por
la II República contra media España, y sobre todo, contra la Iglesia, sus
edificios y sus miembros.
Veremos que piruetas hace
esta Comisión para evitar reconocer el genocidio de Paracuellos y las
atrocidades cometidas por el Frente Popular en su retaguardia, en las checas y fuera de ellas. Y por cierto, ¿qué dirán del saqueo de nuestras reservas de oro del Banco de España y su entrega a Stalin por parte del PSOE y sus socios comunistas? Una traición de la izquierda al pueblo español al que condenó a una posguerra sumido en la pobreza.
En ningún país de Europa
nunca se atrevieron a crear una Comisión de este tipo, y tras la caída del
muro, en los países que habían pertenecido a la órbita de la URSS había motivos
sobrados para juzgar a los criminales comunistas, pero ellos apostaron por la
reconciliación.
Sería absurdo negar que, en
la inmediata posguerra, los vencedores reprimieron a los vencidos, sobre todo a
los que sobre ellos pesaban denuncias por haber cometido delitos de sangre fuera del Frente,
pero para evitar el “y tú más” fuimos capaces de protagonizar la Transición,
que no fue otra cosa que perdón, reconciliación y mirar al futuro, algo que
Sánchez pretende destruir.
