Desde la Transición, nunca
había ocurrido con tanta virulencia, la izquierda social-comunista ha
recuperado la España cainita que padecieron nuestros antepasados y que tanto
daño les hizo. Su obsesión enfermiza por las trincheras y los cementerios les
ha llevado a intentar resucitar a Franco, pues parece que lo quieren vivo para
derrotar su memoria, ya que él siempre les derrotó a ellos, tanto en la guerra
como en la paz. Nunca le perdonaron que les ganara la guerra y que muriera
plácidamente en su cama siendo el Jefe del Estado.
Dice la famosa frase que
“los muertos no mueren nunca mientras alguien los recuerda, pero que la
traición los mata y el olvido los entierra”. Si nuestra democracia funcionara,
casi nadie le recordaría, ni con cariño ni con odio, pero en las circunstancias
de degradación en todos los aspectos que sufrimos, más de uno empieza a añorar
aquel régimen, posiblemente más, por lo malo de este que por lo bueno de aquel.
Sánchez utiliza el viejo
truco de enredar con el pasado y soltar los fantasmas de la historia al no
tener nada que ofrecernos ni para el presente ni para el futuro. Con todos los
problemas que tenemos, ha convertido a Franco en el eje central de su acción
política, algo increíble, algo difícil de entender, algo que solo es posible
que se produzca en un país como el nuestro.
Y como todo el que se
oponga será tachado de franquista, nadie se opone en público. Así, los que se
identifican con los derrotados en la guerra civil, con la “España Roja”, imponen
su criterio ocultando la verdad histórica ante la cobarde deserción de quienes
solo en su foro interno se identifican con la llamada “España Nacional”, con el
bando que ganó, y les asusta reconocerlo en público.
Los familiares se oponen a
la exhumación de Franco, y la Iglesia no se pronuncia con claridad cuando ella
tiene la clave, pues si se acoge a los acuerdos suscritos entre España y la
santa Sede, sin su permiso, en ningún caso puede realizarse esa exhumación. Como
católico, me llevaría una gran decepción compartida por millones de españoles
de a pié, si a la Iglesia española se le ocurriese pactar con quienes siempre
han tratado de destruirla, y por tanto, traicionar post mortem a quien tanto la
defendió.
Si se llegase a realizar
el infame acto de la exhumación, Las dos Españas habrían vuelto, la Transición
habría muerto, y esta partitocracia que no democracia, quedaría tocada y casi
hundida. Cuando un régimen no garantiza la supervivencia de la Nación, y sus
gobernantes no cumplen y hacen cumplir las leyes, siempre hay que optar por
salvar a la Nación aunque ello suponga sacrificar al engendro de partitocracia
en que han convertido esa democracia que tanto nos ilusionó y por la que
apostamos en la Transición.
Pedro Sánchez lo tiene muy fácil para perpetrar lo que pretende pero con «legitimidad», convoca elecciones y el punto estrella de su programa electoral que sea el de desenterrar a Franco, si las gana por mayoría absoluta, tendría apoyo ciudadano para hacerlo, ahora no está legitimado en absoluto.
