Acaba de producirse la
primera reunión entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el nuevo
presidente del partido Popular, Pablo Casado, y en ella, han quedado muy
claras, sus grandes discrepancias a la hora de abordar cuestiones de Estado,
como la gravedad de la crisis migratoria, y el desafío separatista catalán.

A fecha de hoy, los dos
partidos mayoritarios, tienen distintos puntos de vista, y hasta diría yo,
antagónicos, en relación, por ejemplo, al desafío de los separatistas
catalanes, donde Pedro Sánchez, exhibe una permisividad insultante ante las
pretensiones del nazi Quim Torra. Ya está bien de especular, ya está bien de
hablar con irresponsabilidad de la pretensión secesionista de que se autorice
un referéndum contra la unidad de España, ya está bien de practicar política
frívola, “con las cosas de comer, no se juega”.

Casado lo tiene muy claro
en este asunto, no tiene ningún reparo en mostrarse a favor de aplicar de nuevo
el Art. 155, puntualizando que de manera más dura de la que se aplicó hace unos
meses.

Sánchez, debido a su escaso
poder parlamentario, se está dedicando a dar a los separatistas catalanes,
cesiones encubiertas, o a recuperar artículos del Estatuto de Cataluña, que en
2010 fueron anulados por el TC debido a su manifiesta inconstitucionalidad.

La actitud exhibida por
Sánchez, por el PSOE en el Gobierno, ha hecho saltar por los aires el
denominado bloque constitucional, los partidos que se oponían al chantaje de
los separatistas. Ya solo dos partidos parlamentarios, PP y Ciudadanos, y otros
dos extraparlamentarios, UPYD y Vox, son quienes defienden “la última frontera”
de la unidad nacional, aunque los dos extraparlamentarios, a pecho descubierto,
siempre con la verdad por delante.

En lo relativo a
inmigración, llegar a acuerdos con Sánchez, es casi imposible, pues ese
fenómeno es para él una simple herramienta de buenismo electoral, para él,
puertas abiertas y solidaridad, supone ganar votos, y le da absolutamente igual
las terribles consecuencias que pueda provocarnos a los españoles esa
irresponsable postura.

Lo que me sorprendió ayer
de Casado, es que no le insistió a Sánchez en la convocatoria de elecciones, ya
que España tiene un presidente al que nadie ha votado, y además, lleva a cabo
políticas contrarias al interés nacional y general de los españoles. A Casado
se le ha notado de forma descarada, que no pide elecciones porque a él tampoco
le interesan en este momento, pues él tiene que recomponer antes su maltrecho
partido. Al final, todos iguales, antes su partido que España, y así nos va.

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