Como ya no le había hecho
suficiente daño a la ciudad de
Barcelona, la campaña de la extrema izquierda independentista contra el
turismo, una campaña apoyada por el ayuntamiento que preside Ada Colau, ahora,
la mafia de manteros inmigrantes de raza negra, invade los puntos estratégicos
de la ciudad impidiendo la libre circulación de las personas, y hasta se
atreven, a agredir a los turistas extranjeros.
El video de la agresión a
un turista norteamericano por parte de una jauría de manteros subsaharianos,
por atreverse a defender a una mujer que estaba discutiendo con un mantero y
que estaba siendo insultada, ha dado la vuelta al mundo, y ha sido difundido en
todas las principales TV norteamericanas. El daño a la Ciudad Condal va a ser
terrible. La mujer, que llevaba un carrito de bebé, le recriminó al mantero que
no podía circular debido al despliegue del bazar en el suelo. El resultado fue,
que el turista norteamericano resultó herido grave por corte en la arteria
femoral tras ser agredido por varios manteros.
Desde su llegada a la
alcaldía, la impresentable de Ada Colau, ha protegido a estas mafias de
manteros, y estos, poco a poco se han ido sintiendo dueños de la calle, se han
ido envalentonando. Por ello, en las zonas más emblemáticas de la ciudad, los
comerciantes ven como siendo ellos los únicos que pagan impuestos, venden cada
vez menos porque a sus puertas están ofreciendo sus productos falsificados los
manteros ilegales. La situación es explosiva.
Si nos damos una vuelta por
el vestíbulo del metro de Plaza de Cataluña, veremos un mercadillo suburbano de
manteros que ofrecen productos falsificados con total impunidad. Esta escena
deja en evidencia la permisividad y el descontrol de la gestión la alcaldesa de
Barcelona, Ada Colau, a la hora de controlar el mercado ilegal de manteros en
la ciudad. En ningún momento aparece un agente de seguridad del metro y los
usuarios de metro caminan con normalidad, demostrando que se trata de una
escena habitual en las instalaciones de este transporte público.
No es de extrañar, que cada
vez más barceloneses pronuncien con simpatía el nombre de Tabarnia, y odien, a
ese independentismo que les está trayendo solo la ruina, y a personajes de su
órbita, como Ada Colau.
