No seré yo, quien cometa el
error de recurrir a la descalificación preventiva de un Gobierno que hoy jura
sus carteras en bloque. Todo parece indicar, que Sánchez se ha currado mucho su
composición y que el nombramiento de cada ministro es un premeditado guiño
destinado a un colectivo diferente.
La decisión de Sánchez, de
que haya una notable mayoría de mujeres y más de un miembro del colectivo LGTB,
ha conseguido que la progresía de este país se licúe de éxtasis, algo que no
entiendo, pues las personas son buenos o malos ministros en función de
parámetros que nada tienen que ver con el sexo o su orientación sexual.
Ha quedado claro, que Sánchez
con este gabinete, pretende tranquilizar a la UE, controlar a sus barones,
recuperar el voto de izquierdas que se les fue a Podemos, y sobre todo,
feminizar la política. Ahora parece quedar claro, que sus socios de moción no
van a ser sus socios de gobernabilidad.
Mientras que a los españoles
continúan pidiéndonos austeridad, Sánchez ya la ha dejado atrás, pasando de 13
ministros a 17, y lo hace con la única intención de poder colocar a una legión
de parásitos mucho más amplia.
Gobernando con 84 de 350
escaños, y de salida, cabreando a casi toda la basura parlamentaria que le hizo
ganar la moción de censura, parece evidente que Sánchez en estos dos años va a
batir todos los records de gobernar a base de decretos aprobados por el Consejo
de Ministros, en vez de hacerlo con leyes aprobadas por el Parlamento. Lo que
tanto le criticaba el PSOE al PP, ahora Sánchez lo va a convertir en cotidiano.
