La decidida actuación del
juez Llarena, encaminada a que todo el peso de la ley caiga sobre los máximos
responsables del intento de Golpe de Estado, metiendo a unos en la cárcel y
dejando a otros en “libertad” controlada, nos ha hecho ver a muchos españoles
un rayo de luz entre tanta tiniebla política. Pero no nos equivoquemos, lo
ocurrido, es solo el primer paso de otros muchos, que si no se llevan a cabo,
jamás se solucionara el problema.
Lo primordial no solo es
encarcelarlos, lo primordial es, que el Estado de Derecho vuelva a estar en
vigor en Cataluña, y eso se conseguirá, cuando en las cuatro provincias se
respeten las leyes y se cumplan las sentencias judiciales en todos los campos,
sobre todo en lo referente al tema lingüístico, cosa que hasta ahora no ocurre.
Mientras que los catalanes no independentistas, la mayoría por otra parte, no
recuperen sus derechos y libertades, ahora pisoteados, Cataluña no volverá a la
normalidad. Evidentemente, la normalidad a la que yo me refiero, nada tiene que
ver a lo que entienden por “normalidad”, Rajoy y los partidos políticos
parlamentarios.
Otro problema, es que dos
millones de catalanes son independentistas porque se han creído las patrañas y
las mentiras históricas que les han contado, la misión del Estado sería la de,
por Tierra, Mar y Aire, rebatirlas y convencerles de cual es la “verdad”
histórica. Evidentemente, esto solo puedes hacerlo con los adultos.
Mientras en los colegios se
siga practicando el adoctrinamiento independentista, nada se conseguirá,
mientras que la competencia de Educación siga estando en manos de la
Generalidad, todo esfuerzo será en vano, y no hay que ser muy espabilado para
entenderlo.
No obstante, tengo que
deciros, que tengo nula confianza en nuestro Gobierno y en los demás líderes
políticos, pues pienso que no quiere ninguno de ellos solucionarlo, pues
mientras exista el peligro independentista, el autonomismo será el mal menor,
será lo mejor, sobre todo para ellos, así podrán seguir parasitando adheridos a
nuestro torrente sanguíneo esquilmando nuestro cada vez más débil Estado del
Bienestar.
