Ayer celebraron nuestros
políticos el Día de Andalucía, y lo hicieron desde la Junta hasta el último de
sus ayuntamientos. Sinceramente, creo que no hay nada que celebrar debido a la
caótica situación de nuestra región, aunque creo que lo que realmente
celebraban es lo bien que les va a ellos, a los políticos.
Desde la Transición, a
Andalucía han llegado muchos fondos, entre ellos los europeos, y entre los que
han saqueado desde la propia Junta y la pésima gestión realizada, Andalucía
sigue estando a la cola de las regiones españolas y europeas, teniendo en
cuenta los índices económicos o de cualquier tipo.
En esta tierra, se cita a los
enfermos o se les concede la dependencia, después de muertos, y se hacina a los
enfermos de forma indigna en las urgencias de los hospitales.
No se puede celebrar, que
Cádiz sea una de las provincias con más paro de Europa, o que Granada lleve
tres años sin trenes, o que en Sevilla, no se amplíe el tan necesario Metro, o
estén siete de los quince barrios más pobres de España.
No se puede celebrar, que
nuestros bien preparados jóvenes estén, o parados aquí o en el exilio laboral
forzoso. Tampoco que los andaluces vean cada día un Canal Sur con una
programación carente de calidad e intelectualmente comparable a la de un país
del tercer mundo.
El PSOE debe celebrar haber
convertido esta bendita tierra en un solar de parados y subsidiados, cuya única
esperanza es la poder cobrar una paga todos los meses. El PSOE debe también de
celebrar haberse comido los 700 millones de los ERE y que quienes lo
perpetraron “se vayan de rositas”.
Lo dicho, nada que celebrar,
pero que Susana siga con su fiesta.
