A Pedro Sánchez no se le ha
ocurrido otra cosa, que ante su falta de ideas y propuestas para resolver los
graves problemas de su país, y por supuesto, ante el incierto futuro electoral
que le vaticinan las encuestas, ha tomado la decisión de agitar la “Venganza
Histórica”. De nuevo, el partido referente de la izquierda, comete la
irresponsabilidad de reabrir heridas y soltar los fantasmas de nuestro más
negro pasado.
La historia de siempre, propone
sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos. Reconocer y ampliar
derechos, establecer medidas en favor de quienes padecieron, persecución o
violencia, durante la Guerra Civil o la Dictadura. Claro está, a la criminal II
República no la meten en el saco, pues los asesinados de con quienes ellos se sienten
identificados no deben merecerse nada.
Pretenden localizar y exhumar
los restos de las fosas comunes en donde se encuentran enterradas víctimas,
obligando a los ayuntamientos a informar de sus ubicaciones. Ocurrirá como
hasta ahora, excavan y si aparece un gorro legionario, lo tapan rápidamente.
Esos muertos no les interesan, no les dan votos.
Y lo más abominable,
pretenden añadir en el Código Penal un artículo 320 bis en el que se dice que
“la autoridad o funcionario público que hubiese resuelto o votado en contra de
medidas que incumplan esta ley, o que se niegue directamente a aplicarla, será
castigado con pena de prisión e inhabilitado para ocupar cargo público”.
Estamos ante un intento en
toda regla, cuya finalidad es imponernos la verdad de la izquierda, que no es
otra que la de convertir en malos a los vencedores de nuestra Guerra Civil, y
en buenos a los perdedores, esos precisamente con los que ellos se identifican,
llegando incluso a impedir que quienes no pensamos como ellos podamos ejercer
nuestra libertad de pensamiento y expresión. Esto es fascismo puro y duro.
Para Sánchez, los buenos fueron los que ordenaron asesinar a Calvo Sotelo, los que perpetraron el genocidio de Paracuellos, los que incendiaban iglesias, los que violaban y asesinaban monjas y curas, o los que se manifestaban tras una pancarta que decía «Viva Rusia, muera España», o los que saquearon el oro del Banco de España y se lo regalaron a Stalin condenándonos a la miseria durante años. Por eso y por muchas otras cosas, yo jamás hubiese estado de haber vivido en esa época en el bando con el que tanto simpatiza y que usted pretende poner como ejemplo de no se qué cosa.
Mientras la izquierda de este
país no tenga claro, que en ambos bandos hubo verdugos y víctimas, que ninguno
de los dos bandos era demócrata, y que el alzamiento militar fue la
consecuencia de las atrocidades republicanas, mientras no interioricen eso,
esta pesadilla no tendrá fin. Y por supuesto, yo por lo menos, seguiré diciendo
lo que pienso, faltaría más.
