El odio que siente el líder
de Podemos, Pablo Iglesias, hacia la Corona, es conocido por todos y jamás lo
ha ocultado. Ayer hizo unas declaraciones impresentables en las que mentía a
sabiendas con tal de hacerle daño a nuestra Casa Real. Iglesias es un saco de
odio andante.
Como todos conocemos, el
Rey le entregó el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro a la Princesa de
Asturias, ya que en la Familia Real española siempre ha existido la tradición
de concedérselo a los herederos de la Corona, un acto, que por lo visto, puso
de los nervios al secretario general de Podemos. Iglesias declaró “que habiendo
gente en España que no llega a fin de mes, que no puede pagar la factura de la
luz, que es víctima de desahucios…no está la cosa como para comprar toisones de
oro de 50.000 euros”, toda una mezcla de mentiras, demagogia y populismo,
dirigido a indigentes intelectuales, lo mismo el piensa que ese es el perfil de
sus votantes.
La Orden del Toisón de Oro,
fue creada en 1430 por Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, desde entonces se han
concedido 1.200 collares que son propiedad de la Orden y deben ser devueltos
tras la muerte del beneficiario. El impuesto a Doña. Leonor era el de su abuelo
Don Juan. Por ello, las mentiras de Pablo Iglesias son sangrantes, lo de los
50.000 euros es un simple invento suyo para ser consumido por antimonárquicos
recalcitrantes.
A Pablo Iglesias, del
dinero que no le interesa hablar es el de procedencia venezolana, ese que le
proporcionan los verdugos que tienen a su pueblo hambriento y brutalmente
reprimido, o el que les proporciona el régimen iraní, ese que ahorca a los
homosexuales en las grúas, o el dinero que consiguió su camarada Espinar
especulando con un piso que le dieron sin corresponderle, que jamás pisó y que
rápidamente vendió, o el que se ahorró su camarada Echenique al no dar de alta
en la SS a su asistente. En cuestiones de dinero, los podemitas, mejor
calladitos, pues son iguales o peores de esos a los que nos decían venían a sustituir.
Alguien debería denunciar a Iglesias y obligarlo a hacer una rectificación pública, pidiéndole perdón a la Casa Real.
