Llevan décadas saqueando las
arcas públicas catalanas en beneficio propio, llevan décadas viviendo a cuerpo
de rey, atendiendo a intereses personales y de partido, embaucaron a un número
importante de ciudadanos mediante la intoxicación en la enseñanza y la
realizada por los medios de comunicación que controlaban, resultado de todo
esto, han conseguido fracturar la sociedad catalana, empobrecer a su comunidad
y cargarse el buen nombre de Cataluña en el mundo.
Qué pensaran ahora, todos
esos catalanes independentistas, cuando ven el proceder de sus líderes, esos
que, con tal de no seguir en prisión, esos que, con tal de no poner en peligro
su patrimonio, son capaces de hacer unas declaraciones ante el juez totalmente
opuestas a las que siempre defendieron. Nunca tuvieron convicciones firmes,
siempre fueron, interesadas, de plastilina.
La primera fue, Carme
Forcadell, quien renunció a la vía unilateral con tal de salir de la cárcel,
quien ahora también renuncia a presidir de nuevo el Parlamento Autonómico; ayer
los “Jordis” Cuixart y Sánchez, ante el juez, se convertían en seguidores de la
legalidad y contra el unilateralismo, hasta Mundó renunció a su acta
parlamentaria. Estamos hablando de una traición en toda regla a los
independentistas que les seguían. Es evidente, que estar en prisión les produce
gastroenteritis y que no lo soportan.
Sobre el papel, España es un
Estado de Derecho que tiene instituciones encargadas de aplicar la ley a
quienes pretenden destruirla, por ello espero, que quienes aún están en la
cárcel por haber cometido graves delitos, por mucho que por conveniencia propia
se arrepientan y contradigan lo que hasta hace poco tiempo decían, sigan en
prisión, pues sería un auténtico escándalo que el juez los soltara sabiendo que
mienten como bellacos.
Mientras, Puigdemont sigue
con su show, un comportamiento que está poniendo en serios problemas el
sedicioso proyecto que hasta hace poco encabezaba, él ya no es solución de
nada, es un gran obstáculo para su partido que está provocando que saquen los
cuchillos todos aquellos que no están imputados y tienen aspiraciones políticas
importantes, o renuncia a su ilusoria investidura o hasta podría forzar nuevas
elecciones.
