Analizando todas las
agresiones por motivos políticos que se han cometido entre los años 2007-2011,
se llega a la conclusión de que el 84% de ellas las ha protagonizado la extrema
izquierda.

Conviene que estos datos se
sepan, pues tras el vil asesinato por la espalda de Víctor Laínez. Los
españoles deben saber cual es la realidad y no lo que les cuenta algún que otro
medio carente de escrúpulos. En la España de hoy, la hispanofobia va en aumento,
y de ello hay múltiples ejemplos. 

Acordaros de lo que sucedió en
la Meridiana de Barcelona a la altura de la parada de metro de Fabra i Puig.
Dos jóvenes que se encontraban en un stand informando sobre las pantallas
gigantes que se iban a instalar en la Ciudad Condal para seguir los partidos de
la Eurocopa dentro de la campaña «Barcelona con la Selección», fueron
agredidas por un grupo de personas que las insultaron y las golpearon. Según la
denuncia, los independentistas radicales les dieron puñetazos, patadas, tirones
de pelo, le robaron el bolso a una de ellas y les destrozaron el stand.

Y el caso de un joven que
recibió un navajazo en Pamplona por llevar la camiseta de España. Sucedió en el
año 2010 durante las fiestas de San Fermin. El joven iba con varios amigos a
una plaza para ver las semifinales del Mundial cuando los agresores les
llamaron «españoles de mierda» y uno de ellos clavó al joven una
navaja bajo la axila izquierda alcanzándole el pulmón.

Las manifestaciones son otro
caldo de cultivo de agresiones hispanófobas. El 12 de octubre de 2012, un padre
se dirigía con sus hijos hacia la manifestación antiseparatista en Barcelona y
atravesó por la Plaza Universidad de Barcelona donde se reunía un centenar de
personas de extrema izquierda. Los radicales intentaron arrebatarle la bandera
de España y le insultaron. El hombre se resistió. Finalmente, los Mossos
tuvieron que intervenir para evitar que el hombre fuese agredido e incluso se
llevaron en brazos a la hija, una niña pequeña que lloraba sin entender qué le
estaba sucediendo a su padre.

«Me da asco esa bandera
que llevas, facha de mierda». Fue lo que escuchó un joven de Gijón que
vestía una camiseta con los colores de la bandera de España antes de que uno de
los radicales se abalanzase sobre él y la emprendiese a puñetazos. La agresión
tuvo lugar el pasado 16 de junio, poco antes de las 2 de la madrugada en un
conocido pub del Muelle deportivo de Gijón. El acusado, sin antecedentes, fue
puesto en libertad con cargos por un delito de lesiones y otro de odio
ideológico.

Una semana antes, un joven de
18 años recibió una paliza en el centro de Madrid por vestir un polo con la
bandera de España en las mangas. El chaval y dos amigas se cruzaron con cuatro
jóvenes de ultraizquierda en el barrio de Malasaña. Los radicales le insultaron
y el joven contestó: «Lo que pasa es que estoy orgulloso de ser
español». En ese momento, comenzaron a golpearle.

El 84% de las 330 agresiones
por razones políticas producidas entre los años 2007 y 2011 fueron cometidas por
miembros de grupos radicales de extrema izquierda, según los datos recopilados
en el libro «Prendiendo la mecha. Violencia política en la España
actual», de Víctor Pérez Velasco.

Y los responsables de que
esto ocurra, son sin lugar a dudas, aquellos que en su discurso lanzan el
mensaje de aniquilar al adversario. Ayer mismo, Ada Colau, invocaba el “no
pasarán” en un mitin de tinte guerracivilista; al igual que Pablo Iglesias y
los suyos no pierden oportunidad de azuzar el fuego.

En las RRSS, a raíz del
asesinato de Víctor Laínez, hemos podido leer auténticas barbaridades de
personas en las que sin duda han calado los mensajes de estos aprendices de
Stalin, ha sido reiterativo “este facha no era ninguna hermanita de la caridad,
era de extrema derecha”. Si no lo entiendo mal, es como si justificasen su
asesinato por pensar diametralmente distinto a ellos, algo muy grave.

En España, la extrema derecha
es tan residual, que podemos afirmar que no existe, y por mucho que se empeñen
algunos medios en magnificar lo poco que hacen, es evidente “que por ahora” no
supone ningún peligro para el sistema. Aunque también es cierto que si quienes
tienen la obligación de cumplir y hacer cumplir las leyes, no ejercen, pueden
conseguir que resurja.

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