Si algo demuestra la agenda
de Jové, el número dos de Junqueras, es que los partidos políticos de este país
con representación en las instituciones, ya sean españoles o antiespañoles,
utilizan sistemáticamente la mentira.
Los líderes separatistas de
los diferentes partidos, mientras en público arengaban a los suyos para
conseguir el objetivo que se habían marcado, en privado reconocían que ello era
inviable. Al igual, que cuando se nos decía desde el Gobierno o desde los tres
partidos constitucionalistas, que el 155 devolvería la normalidad a Cataluña,
nos mentían también, pues su aplicación no ha pasado de ser un simple simulacro
destinado al consumo de esa masa que se cree todo lo que le cuentan los medios,
esa masa que al final es la que decide las elecciones.
La agenda de Jové deja muy
claro que todos los dirigentes, altos y medios, de los partidos de Puigdemont,
Junqueras y la Gabriel, estaban al tanto en calidad de gestores del golpe de
Estado. Que ahora la Justicia nos diga, concretamente el Tribunal Supremo, que
va a investigar si estos tres partidos, conjuntamente con Omniun Cultural y
ANC, estaban compinchados, suena a coña, pues era tan evidente, que extraña que
las altas instancias del Estado no lo supieran o tuvieran dudas. Lo mismo, la
“espabilada” Soraya y su CNI, estaban de vacaciones y no informaban de lo que
sucedía.
Fijaros como está el patio,
que hasta Rajoy ha dicho, que si el próximo gobierno catalán no se atiene a la
legalidad, se podría volver a aplicar el 155. Eso lo tiene que decir, por no
haberlo aplicado ahora, por negarse a disolver las estructuras golpistas
disponiendo del tiempo necesario, por no dar tiempo a inhabilitar y condenar a
los sediciosos, por convocar con prisas unas elecciones “envenenadas”, por no
tener las agallas necesarias para hacer las cosas bien y dejar que los
españoles le juzguen a posteriori.
