Este lunes se cumplen 30 años
del atentado de ETA contra la Casa Cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza,
atentado que contó con un balance de 11 personas asesinadas, entre ellas seis
niños, y 88 heridos. Francisco José Alcaraz, presidente de Voces contra el
Terrorismo, que perdió aquel 11 de diciembre de 1987 a su hermano y a sus dos
sobrinas de tres años, ha sido excluido del homenaje oficial. El que dio la
orden para cometer ese atentado fue Josu Ternera, asesino que disfruta de una
plácida libertad debido a que para el gobierno de Rajoy intentar su captura es
poco rentable y muy incómodo, pues cabrearía a sus socios del PNV.
El acto tendrá lugar en el
Museo de Zaragoza, organizado por la VIII Zona de la Guardia Civil, el Centro
para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo -dependiente del Gobierno- y la
Fundación Víctimas del Terrorismo, que preside María del Mar Blanco, hermana de
Miguel Ángel Blanco, que es diputada del PP por Madrid en el Congreso y miembro
de la ejecutiva nacional del PP. El acto estará presidido por el ministro del
Interior, Juan Ignacio Zoido.
Francisco José Alcaraz no ha
sido invitado por ser muy crítico con Rajoy y su política antiterrorista, pues
ha seguido lo que Zapatero pactó en su día con ETA, de hecho, Voces Contra el
Terrorismo, es la única asociación de víctimas que no ha sido invitada.
Los partidos políticos,
primero dividieron a las víctimas, y después, negociaron con los terroristas.
El acuerdo al que llegó Zapatero y ETA nunca se ha hecho público, pero pese a
ello, Rajoy lo respeta y lo sigue a pies juntillas. El PP consiguió convencer a
alguna de las víctimas más conocidas para que se incorporara a sus listas y lo
consiguió, por ejemplo, con María del Mar Blanco, quien ha preferido ser
político profesional y “tragar sapos” en vez de desde la sociedad civil
defender la dignidad y la memoria de quienes, como su hermano, dieron su vida
por nosotros.
Está claro, que para el
Gobierno y los partidos que participen en este acto, lo que pretenden, es
blanquear sus sucias conciencias y conseguir rentabilidad política debido a la
publicidad que les da este acto.
Las víctimas del terrorismo
son nuestros héroes, unos héroes que ni siquiera son recordados en las páginas
de esos libros de historia que estudian nuestros escolares, unos héroes cuyo
recuerdo es cada vez más molesto para una clase política, que salvo honrosas
excepciones, los han traicionado en toda regla.
