El Tribunal de Cuentas no
estima que ha habido “menoscabo de fondos públicos” en la financiación de
cientos de cursos que nunca llegó a impartir la Fundación Andaluza Fondo de
Formación y Empleo (Faffe), un ente de la administración paralela de la Junta
de Andalucía disuelto en 2011.
Estamos ante un
pronunciamiento bochornoso, pues la Fiscalía Superior de Andalucía enumeró
hasta trece deficiencias en la gestión de los fondos de formación profesional
para el Empleo por parte del Servicio Andaluz de Empleo (SAE), y que están
investigando en paralelo, más de diez juzgados andaluces.
La fundación Faffe ya no
existe, fue disuelta, y sus 1.500 trabajadores fueron contratados, sin ningún
concurso de méritos, como personal subrogado en el SAE. Esta fundación era otra
pieza de ese gran pesebre, de esa administración paralela andaluza donde están
enchufados legiones de socialistas y amiguetes varios del régimen.
El Tribunal de Cuentas es
el máximo órgano fiscalizador de las cuentas y de la gestión económica del
Estado, es decir, el que revisa la contabilidad de las grandes instituciones
del Estado, y también de los partidos políticos.
Los consejeros de este
Tribunal son elegidos por el Parlamento, por lo que entre los partidos parlamentarios
se reparten el pastel. Resulta curioso que los que dirigen el órgano que
controla a los partidos políticos sea elegido por estos a dedo. Con este
sistema, los partidos se blindan y gozan de total impunidad para saltarse la
ley a su antojo.
El Tribunal de Cuentas está
repleto de consejeros contaminados por la política. Los consejeros son la voz
de su amo, jamás les investigaran en serio.
El ser consejero de este
órgano está muy valorado, pues entre lo que ganan y los privilegios de que
disponen, en todos los aspectos, convierte ese cargo en un auténtico chollo
¿Quién va a arriesgar su estatus investigando a quienes les han nombrado?
Y luego, los partidos nos
hablan de leyes de transparencia. Este es un nuevo y grave ejemplo de en lo que
han convertido este país los viejos partidos políticos, aunque reconozco que
los nuevos van por el mismo camino. ¡Y luego nos extrañamos del saqueo de las
arcas públicas!
