Mientras que en Andalucía
imperan, la corrupción y el despilfarro, la Junta de Andalucía aplica políticas
restrictivas en Sanidad para ahorrarse en lo fundamental lo que por otro lado
se llevan.
A los pacientes anticoagulados,
rara vez se les prescriben los medicamentos anticoagulantes de última
generación, privándoles de sus beneficios, disminución de riesgos y mejora de
calidad de vida.
Se sigue recetando
masivamente, esa antigualla llamada Sintrom, simplemente porque tiene un costo
de 2.50 euros, mientras que los de nueva generación cuestan casi 100 euros.
El paciente que toma
Sintrom debe someterse a análisis de sangre muy frecuentemente, para valorar la
dosis correcta, y entre, análisis y análisis, el paciente puede correr riesgos
de hemorragias o de tromboembolismo. El enfermo anticoagulado con Sintrom debe
seguir pautas muy variables en su tratamiento, estos cambios hacen que se
produzcan errores, sobre todo en personas mayores, errores que aumentan el
riesgo. A lo que hay que sumar, que la dieta que debe seguir es restrictiva con
muchos alimentos.
En cambio, con los nuevos
anticoagulantes, el paciente no tiene que realizar análisis constantes, come como cualquier persona no anticoagulada,
tiene menor riesgo de hemorragias y pueden sustituir al tratamiento con Sintrom
en la inmensa mayoría de los casos. La
calidad de vida aumenta de modo ostensible.
Seguro que todos conocemos
a personas anticoaguladas que ni se imaginan el cambio que pueden experimentar
en su calidad de vida si le cambiaran la medicación.
La Junta de Andalucía, en
vez de recortar en lo innecesario, por muchos votos que le dé al partido que
gobierna, recorta en lo más importante, en lo relativo a la salud y a la
calidad de vida de muchos de nuestros mayores, quienes no han cotizado toda su
vida para que les hagan algo semejante.
