Los concejales del Partido
Popular del ayuntamiento de Valencia, desde mi punto de vista, hacen muy bien
en rebelarse. Están siendo investigados por blanqueo, pero por blanqueo no
lucrativo de mil euros. El Partido Popular les dio la orden de hacer una
transferencia por esa cantidad a la cuenta del partido simulando una donación,
para posteriormente darles dos billetes de 500 euros. Eso es todo.
Conociendo cómo funcionan
los viejos partidos, es evidente, que si no querían perder la confianza de sus
mandos, tenían que hacerlo, si o si, pues de lo contrario quedarían
descabalgados de las próximas listas y se les acabaría el chollo ese de seguir
viviendo de la política, la obsesión de casi todos ellos.
Los responsables del Partido
Popular que les están exigiendo el acta, tienen muy poca vergüenza, escenifican
que quieren regenerar el partido, pero lo cierto es que actúan así simplemente
porque les han pillado, porque el asunto se ha sabido, si no fuera así no se
pedirían responsabilidades de ningún tipo ni ninguna entrega de actas. Los
únicos responsables de blanqueo son los dirigentes que dieron la indicación a
los concejales.
Los pesos pesados del
partido, esos que durante años han estado recibiendo sobresueldos en sobres de
dinero negro, a esos nadie les pide que dimitan, y a estos, a los que no han
ganado ni un solo euro con el supuesto delito, los quieren crucificar.
Y es que la cuerda siempre
se rompe en este país por el trozo más débil. En un país donde los grandes
corruptos, los grandes ladrones, políticos todos ellos, están en libertad, y me
refiero a la familia Pujol, a Griñan, a Chaves, a Rato, y a muchos otros, en un
país donde se cambia a los jueces para retrasar todo lo posible el asunto a ver
si prescribe y triunfa la impunidad, en ese país, uno de los grandes partidos,
grande por votos y grande por corrupción, parece no tener piedad con quienes se
han limitado a cumplir las órdenes que emanaban del propio partido y no han
obtenido beneficio alguno. Vamos vomitivo.
