El Parlamento de Cataluña
invistió ayer a un nuevo presidente de la Generalidad, un presidente que dio
lectura a su programa político, un programa cuyo objetivo principal es la
construcción de un Estado independiente, asumiendo la vigencia de la
declaración del 9 de noviembre, una declaración suspendida por el Tribunal
Constitucional.
Lo dijo muy claro, solo va
a reconocer la legalidad que emana de su parlamento. El nuevo máximo
representante del Estado en Cataluña, se comprometió ayer en sede parlamentaria
a llevar a cabo el proceso de sedición.
Mariano Rajoy, se apresuró
ayer a comparecer solemnemente ante los medios, antes de que finalizara la
sesión del Parlamento de Cataluña, para decir unas palabras que todos
deberíamos suscribir, pero que a estas alturas carecen de toda credibilidad.
Eso de que “no pasará ni una” suena a broma cuando lleva cuatro años dejando
pasar todo.
Esta misma mañana, el
presidente del Gobierno debería anunciar la aplicación del Art. 155, suspender
la autonomía catalana, acabar con la pesadilla, e impedir que el Rey sancione
con su firma el nombramiento de alguien que ha manifestado en sede
parlamentaria, y de forma muy nítida, su voluntad de destruir España.
¿Pero que más tiene que
ocurrir para que Rajoy actúe? Reconozco que estoy avergonzado de tener a este
presidente del Gobierno.
