La Encuesta de Población
Activa (EPA) nos dice, que esa supuesta recuperación económica que hasta hace
poco solo se observaba en la macroeconomia, parece estar trasladándose al
mercado laboral.
Entre abril y junio, el
empleo creció al mayor ritmo de la última década y el paro marcó su nivel más
bajo desde 2011, eso sí, por el arranque de la campaña de verano y la Semana
Santa, ahora falta ver si esa recuperación se consolida o ha sido solo un
espejismo coyuntural.
Si en el primer trimestre
de 2013 el paro llegó a los 6,2 millones de personas, en la actualidad todavía
hay la burrada 5,1 millones, de los que más de dos millones son parados de larga
duración y con escasas posibilidades de encontrar empleo.
Y qué decir de los jóvenes.
La tasa de paro entre la población de entre 16 y 19 años es del 70%, una
auténtica tragedia. En la actualidad, la tasa de paro en España es del 22,3%.
Reconozcamos la realidad,
la temporalidad sigue presidiendo los nuevos contratos y la precariedad
salarial domina las nuevas contrataciones.
La economía española crece
bastante y eso se ve en el PIB, pero no se traslada como debiera al mercado
laboral. A fecha de hoy aún hay 1,6 millones de familias con todos sus miembros
en paro.
En la España actual hay
personas que viven muy bien, otras que viven aceptablemente bien, y otras
muchas, demasiadas, que malviven, que sobreviven de mala manera. Cuando nuestro
Gobierno hace declaraciones optimistas de la evolución de nuestra economía,
debería pararse a pensar en todos estos millones de españoles que tan mal lo
pasan, pues para ellos, ha acabado la crisis pero ha empezado la miseria. Y
digo esto, porque se están ofreciendo trabajos en condiciones de auténtica
esclavitud, trabajos que tienen que ser aceptados simplemente por la situación
de emergencia familiar que muchos viven.
Por lo tanto, bienvenidos
estos esperanzadores datos, pero que no sean gracias a retrotraer nuestro
mercado laboral al tercermundismo.
Tengo serias dudas de que
solo con esto, Rajoy, pueda salir victorioso en las próximas elecciones
generales, aunque lo mismo se da cuenta de que la única baza que le quedaría
para una victoria holgada sería solucionar de forma legal pero expeditiva la
sublevación de los independentistas de Cataluña, si se atreviera a hacerlo y lo
hiciera bien, con ese cocktail económico-patriótico posiblemente podría
gobernar otros cuatro años, aunque conociéndole cuesta trabajo pensar que se
atreviese a ello.
