El
Tribunal de Cuentas es el máximo órgano fiscalizador de las cuentas
y de la gestión económica del Estado, es decir, el que revisa la
contabilidad de las grandes instituciones del Estado, y también de
los partidos políticos.
En
2013, tiene un presupuesto de cerca de 62 millones de euros y cerca
de 800 empleados, de los que apenas 40 se dedican a controlar a los
partidos, sus campañas electorales y sus fundaciones.
Los
consejeros de este Tribunal son elegidos por el Parlamento, por lo
que entre el PP y el PSOE se reparten el pastel. Resulta curioso que
los que dirigen el órgano que controla a los partidos políticos sea
elegido por estos a dedo. Con este sistema, los partidos se blindan y
gozan de total impunidad para saltarse la ley a su antojo.
Resulta
bochornoso conocer que el último informe que ha emitido el Tribunal
Cuentas corresponda al ejercicio de 2007, teniendo en cuenta que las
infracciones en materia de financiación ilegal de los partidos
prescriben a los cuatro años. Como vemos, estamos ante una estafa
muy estudiada.
El
Tribunal de Cuentas está repleto de consejeros contaminados por la
política, desde un hermano de José Mª Aznar a una ex ministra, la
partitocracia que padecemos tiene la certeza de que ese órgano lo
tiene controlado. Los consejeros son la voz de su amo, jamas les
investigaran en serio.
El
ser consejero de este órgano está muy valorado, pues ganan casi
115.000 euros anuales, casi el doble que un ministro, disponen de
coche oficial, de absoluta libertad de horario, cada consejero cuenta
con dos secretarias, tras su cese gozan de una cuantiosa
indemnización, disponen de 6.000 euros anuales en concepto de
dietas, nombran a amiguetes en puestos de libre designación y su
mandato dura nueve años. Vamos, un auténtico chollo ¿Quien va a
arriesgar su estatus investigando a quienes le han nombrado?
Como
no es una institución judicial ni policial, solo puede analizar los
documentos que los partidos le entregan voluntariamente. Hace poco
que les han permitido cruzar los datos con el Banco de España, pero
ni siquiera pueden acceder a la información de Hacienda y a la de la
Seguridad Social.
La
guinda que culmina el pastel es que nadie controla las Cuentas del
Tribunal de Cuentas.
Y
luego, la partitocracia nos habla de leyes de transparencia. Este es
un nuevo y grave ejemplo de en lo que han convertido este país los
viejos partidos políticos. ¡Y luego nos extrañamos de que saqueen
las arcas públicas!