Como
ciudadano, tengo cada vez mayor sensación de que los políticos se
ríen de forma descarada de todos nosotros. Que diputados con casa en
Madrid sigan cobrando las dietas de alojamiento, es un auténtico
insulto a los millones de familias que están sumidas en una
situación económica desesperada.
Como
son ellos mismos los que deciden lo que van a ganar, que lo hagan,
pero que no lo denominen de forma errónea, pues parece que
simplemente se pitorrean de la ciudadanía.
Que
a un diputado que carece de casa en Madrid le paguen mensualmente
1823 euros, podría tolerarse, pero que se lo paguen incluso a los
que disponen de casa o varias casas en propiedad es un auténtico
escándalo, mas si cabe, al estar esa cantidad exenta de tributación.
En
los Presupuestos Generales del Estado, esta partida de dietas suma un
monto de casi 20 millones de euros. De los 350 diputados, 64 poseen
una o mas casas en Madrid y van a seguir cobrando la dieta de
alojamiento con la complicidad del poder político e institucional.
Nuestro
controvertido ministro de Hacienda, Cristobal Montoro, diputado de
conveniencia por Sevilla, ciudad con la que no tiene ningún vínculo
y por la que jamás se ha preocupado, percibe esa dieta de
alojamiento, y nos demuestra con ello la catadura moral que atesora.
Otro caso aún más grave dentro del Gobierno es el del ministro del
Interior y diputado por Barcelona, Jorge Fernández Díaz, que pese a
residir en la sede del ministerio, también la cobra. Ambos dan un
excelente ejemplo de solidaridad con los millones de desfavorecidos,
un colectivo que aumenta día a día, gracias entre otras cosas, a la
labor que realizan estos dos aprovechados de ética tan laxa.
Considero
que es de justicia mencionar, que solo Toni Cantó, el diputado de
UPyD, ha renunciado a dicha dieta alegando que dispone de vivienda en
Madrid. Cuando lo anunció, la casta política “trincona” que
padecemos, se apresuró en tacharlo de adoptar una “postura
demagógica”.
Como
podemos observar, los políticos de los viejos partidos siguen a lo
suyo, mientras tanto los ciudadanos nos sentimos cada vez más
abandonados por nuestros representantes.