El
Ministerio de Hacienda propone fijar objetivos de déficit
diferenciados para las CCAA en función de su particular agujero
presupuestario. El Gobierno no tenía necesidad de meterse en este
charco, y lo ha hecho al plantear la posibilidad de establecer un
déficit a medida en lugar de mantener un techo común, que es lo que
existe ahora.
Con
esta decisión, el Gobierno que preside Mariano Rajoy, opta por
premiar a las CCAA mas despilfarradoras. Con la implantación de este
tratamiento asimétrico, este Gobierno acerca a nuestro país a un
sistema casi confederal, el menos igualitario, el menos justo, y el
menos solidario, el peor de los posibles.
Los
límites diferenciados que pretende el Gobierno, implantarían un
sistema de incentivos perverso, ya que las regiones mas
despilfarradoras se verían tentadas a posponer los ajustes, y las
austeras carecerían de alicientes para seguir haciendo los esfuerzos
necesarios en materia fiscal. Es como si en un colegio, el profesor
decidiera bajar la nota a los buenos estudiantes y subírsela a los
malos para que aprobaran, el resultado sería fatal, al final nadie
estudiaría y todos suspenderían.
Rajoy
se equivoca en casi todo, la solución no radica en premiar al que
despilfarra, si no en castigarlo de forma férrea mediante los
mecanismos de intervención que contempla la Ley de Estabilidad
Presupuestaria.
Para
mi está claro, que esta injusta medida es un nuevo guiño a Cataluña
para aliviar su asfixia presupuestaria, una nueva medida para
tranquilizar a la bestia independentista, una manera de que el marrón
le caiga al siguiente que llegue a la Moncloa, y así el cobarde de
Rajoy tenga un mandato con menos sobresaltos. Le da igual perjudicar
a muchos.
Utilizar
el objetivo de déficit como moneda de cambio para tratar de
solucionar problemas políticos no es de recibo.
Este
Gobierno se ha especializado en premiar al que lo hace mal, ya lo
hizo con esa infame Amnistía Fiscal, beneficiando a todos los golfos
y perjudicando a los ciudadanos que cumplen fielmente con sus
obligaciones fiscales. Ahora premia a los peores gestores autonómicos
y perjudica a los mejores, con tal de apaciguar a los
independentistas que gobiernan Cataluña. Lamentable.