Ahora
que la población andaluza observa perpleja lo que se deriva del
trabajo de la juez Alaya, ahora que los andaluces empiezan a darse
cuenta del nivel de corrupción y de podredumbre de una
administración andaluza controlada en exclusiva por la izquierda
desde el principio de la democracia, ahora es cuando no debemos
sucumbir a la tentación de generalizar metiendo en el mismo saco a
los de arriba y a los de abajo, a los gobernantes y a los gobernados.
Que
tradicionalmente Andalucía ha sido sociológicamente de izquierdas
creo que es innegable, que los mandos de esa izquierda política y
sindical que controla nuestra región está principalmente compuesta
por escoria, parece innegable, salvo honrosas excepciones.
Pero
ahora que lo están pasando tan mal, me gustaría hablar de esos
andaluces que de siempre han dado su voto principalmente al PSOE, que
como he dicho antes son “honrados y de izquierdas”, y que en poco
tiempo se han dado cuenta de que a los que ellos le daban su
confianza eran unos auténticos golfos.
Se
que la derecha siempre dice que el voto del PSOE en Andalucía se
compone, de los que comen de la administración y sus familias, ya
sean cargos públicos o enchufados, y de los que venden su voto por
un pequeño subsidio. Pero seamos serios, solo con ellos no se ganan
una elecciones.
Tenemos
que reconocer que hay mucho andaluz de izquierdas que sin pertenecer
a ninguno de estos grupos les votaba, y que ahora, tras conocerse lo
que se hacía con su voto, empiezan a sentirse políticamente
huérfanos.
Ya
es hora de que nos mentalicemos de que es igual de respetable ser de
derechas, de izquierdas, centrista o transversal, que a nadie se le
puede descalificar por manifestar su forma de pensar y la idea de
sociedad que tienen, y creerme, eso en Andalucía ocurre.
Tengo
la suerte de tener amigos con ideas muy dispares, y os aseguro que
todos coincidimos en muchas cosas, la principal, en querer ser
gobernados por gente honesta que mire por el interés general.
El caso de los ERE de Andalucía es gravísimo por la cuantía de lo
saqueado, pero igual de graves son los casos de corrupción en los
que están envueltos el resto de los viejos partidos, la corrupción
es sistémica y nadie, de los que tienen poder, parecen estar
dispuestos a acabar con ella. Lo de la juez Alaya, es sin duda, la
excepción que confirma la regla, un rayo de luz en las tinieblas de
la corrupción generalizada.