Tras
comparecer ante su Comité Ejecutivo, Mariano Rajoy le dijo a todos
los españoles con total rotundidad, que el dinero negro nunca ha
circulado por su sede de la calle Génova y que el no lo ha recibido
nunca. Tenía derecho a decirlo y ha empeñado su palabra.
El
problema reside, en que los españoles ya no nos creemos las
palabras de los políticos, los ciudadanos queremos hechos y no
palabras. Los que acusan al PP deben demostrar sus acusaciones y los
miembros del PP acusados deberían demostrar que las acusaciones son
falsas.
En
política, y mas en este caso, los acusados deberían preocuparse de
demostrar su inocencia pues de no hacerlo la sombra de la duda
actuará a modo de losa electoral a corto y a medio plazo.
Que
a estas alturas, Rajoy se atreva a afirmar de forma categórica, que
su conducta contra la corrupción ha sido ejemplar, es un insulto a
la inteligencia. Si todo es falso, lo único que tiene que hacer es
presentar de inmediato, y ya va siendo tarde, una querella contra su
extesorero y no dedicarse a atacar a los medios que han difundido los
documentos, esos que el llama apócrifos y que un perito de prestigio
ha afirmado que están escritos de puño y letra por Luis Barcenas.
Rajoy
no puede afirmar que, tanto su comportamiento como el de su partido,
son exquisitos y su integridad escrupulosa, cuando en sus palabras a
los ciudadanos ni siquiera se ha atrevido a decir el nombre de su
extesorero, y encima, ha cometido el error de apoyar a Ana Mato, su
ministra de Sanidad, cuyo comportamiento es indefendible y tarde o
temprano se verá obligada a dimitir, pues los numerosos regalos que
ha aceptado de la trama Gurtel la inhabilitan para ocupar cualquier
cargo público.
Rajoy
también pecó de victimismo, no puede decir que todo son infamias e
infundios destinados a dañar, a él, al Gobierno y a España.
Rajoy
no puede pedirle a los españoles un acto de fe en su honradez
personal como garantía de pureza de toda la cúpula del PP. Da una
sensación que le perjudica, parece que, su único o principal
interés, es defender los intereses de su compañeros de partido y no
los de todos los ciudadanos, en eso se parece mucho al PSOE.
Lo
que está muy claro es que el resultado de todo esto va a ser,
electorálmente hablando, devastador para el PP. Hoy mismo se ha
conocido un nuevo sondeo y los datos son muy significativos, PP y
PSOE apenas rondan los 125 escaños y, UPyD e IU los 25, es decir, el
PP se hunde y el PSOE no recoge sus pérdidas, las recogen otros.
Como
dije hace tiempo, el bipartidismo está dando sus últimos coletazos,
y eso es muy positivo para España.
El
hecho de que Rajoy lo haya negado todo con tanta rotundidad supone un
gran riesgo para el, pues en el momento en que un solo beneficiario
de los sobres “cante” y diga que recibió el dinero negro y no lo
declaró, o cualquier empresario “cante” y diga que entregó
dinero negro en mano al PP, entonces, Rajoy estaría acabado, tendría
que irse.
Rajoy
es consciente de que va a salir trasquilado y de que a partir de
ahora, en lo que le queda de legislatura, sus adversarios políticos
se van a cebar con el, lo cierto es que se lo ha puesto muy fácil.
No
obstante, tengo que manifestar, que lo que me resulta patético es
ver a ciudadanos que teledirigidos por los partidos de izquierda, se
dedican a manifestarse frente a las sedes del PP. Estos manifestantes
hace tiempo que perdieron por completo la credibilidad y la
superioridad moral que pretendían tener, no pueden criticar y
condenar los abusos y los delitos solo en función de quienes sean
sus autores. Cuando los abusos y los delitos los cometen los partidos
de izquierda, jamas se les ocurre manifestarse ante la sede de esos
partidos, eso se llama desvergüenza e inmoralidad.
No
hay duda, de que en la actualidad tenemos un Gobierno en la
interinidad permanente, su continuidad solo dependerá de que alguien
se decida a confesar.
La
corrupción es inaceptable y los culpables deben pagar por ello.
Tangentópolis fue posible en Italia porque un grupo de jueces
valientes decidieron rebelarse y dejar de estar arrodillados ante el
poder político para limpiar su país de corruptos, delincuentes y
ladrones. Metieron en la cárcel a muchos que hasta entonces eran
intocables.
La
ciudadanía ansía una España limpia, pero sin jueces que se
rebelen, la Tangentópolis española nunca llegará. O se rebelan
ellos, o nos rebelamos nosotros.