En
2007 fue elegido presidente de la CEOE, hoy está detenido y entre
rejas. Estoy hablando de Díaz Ferrán, un empresario que hace apenas
doce años tenía contratados a más de cuatro mil trabajadores.
Se
le acusa del delito de blanqueo de capitales y alzamiento de bienes.
Era sabido, desde hace años, que su gestión empresarial no era
limpia, pese a ello ocupó el cargo de presidente de la CEOE apoyado
por la complicidad de unos cuantos empresarios y la indiferencia de
la mayoría.
Hace
ya muchos años, el Tribunal de Cuentas advirtió de que Díaz Ferrán
se había apropiado de la mayor parte del dinero que había puesto
el Estado español para sanear Aerolíneas Argentinas. Sus buenos
contactos políticos le ayudaron a que el caso se olvidara.
Que
nadie dude, que el comportamiento delictivo de este empresario, le
está haciendo un gran daño a la imagen del empresariado español.
La ciudadanía sabe que él no es el único empresario que utiliza
ciertas prácticas, y por supuesto, este asunto le da un extra de
munición a los que desde posicionamientos ideológicos radicales
quieren demonizar a los empresarios españoles.
Siempre
he sostenido, que la corrupción generalizada e institucionalizada
que padecemos, es el vivo reflejo de nuestra sociedad.
Desgraciadamente, en todos los gremios hay indeseables y el mundo
empresarial no iba a ser la excepción.
Lo
sorprendente es que, un individuo de la catadura moral de Díaz
Ferrán llegase donde llegó y que amplios sectores empresariales
apoyaran a un individuo sin escrúpulos como el. Tras este caso, los
empresarios deberían recapacitar y pensar cuales deben ser los
valores que rijan su trayectoria.
Un
empresario no puede ser un pillo, que cuando ve que se le hunden sus
empresas, toma la decisión de ocultar grandes cantidades de dinero
a sus acreedores, para así, garantizarse una jubilación dorada.
Afortunadamente,
este pájaro ha caído, el problema es que hay tantos pájaros
volando, como este o peores, que no nos dejan ver los rayos del sol.