Se
nos habla mucho del Estado del Bienestar, se nos dice que con las
crisis económica y los recortes que ha provocado, se está
perdiendo. Nunca me gustó esa denominación, es como si se hubiera
conseguido llegar a la Arcadia feliz y nos quisiéramos quedar allí
a vivir para siempre.
Aún
en los tiempos de bonanza económica es incierto que ese llamado
Estado del Bienestar protegiese a todos. Se consiguieron muchas
coberturas sociales, como parecía que eran gratis las valoramos
poco, incluso nunca nos paramos a pensar el costo que ellas suponían
para el Estado.
Ahora
empezamos a darnos cuenta de que con el actual tamaño del Estado y
los recursos que hay, resulta muy improbable que se pueda mantener la
protección social actual.
Es
como si despertáramos de un placido sueño, ahora de golpe vemos
como una importante parte de la sociedad está al borde de la
desesperación, ni siquiera pueden cubrir sus necesidades esenciales,
a muchos ya les han quitado sus casas, otros aunque tienen Sanidad
gratuita ni siquiera tienen dinero para abonar la parte que les toca
pagar de las medicinas en su farmacia, un porcentaje escalofriante de
los niños españoles están ya, instalados en la pobreza y ni
siquiera pueden hacer tres comidas diarias.
Tenemos
que reconocerlo, nuestro país vive una situación trágica. Los que
he mencionado anteriormente son los que realmente sufren, esos son
los que acuden como último recurso a Cáritas. Si esa organización
de la Iglesia no existiera, habría que inventarla, probablemente
gracias a ella se ha evitado un estallido social, un estallido de los
más desfavorecidos contra la clase política y financiera, los que
nos han metido en la crisis por su mala gestión y, a fecha de hoy,
seguimos constatando que se van a ir casi todos de rositas.
Los
sindicatos políticos y paniaguados que tenemos, siempre hablan de
defender como sea el Estado del Bienestar, pero a ellos solo les
preocupan los que trabajan, los parados y sus familias, los que están
instalados perennemente en el otro Estado, en el del malestar, en el
del sufrimiento, esos por lo visto son invisibles para ellos.
Cada
día se conocen historias de personas en las que se ha cebado
especialmente la crisis y mas de uno de nosotros queda completamente
impactado. Por el hecho de que muchos de nosotros vayamos tirando, y
aunque recortando gastos, mantengamos un nivel de vida aceptable, eso
no quiere decir que miremos hacia otro lado ante tanta necesidad, yo
siempre he dicho, que si nos consideramos una sociedad democrática,
moderna y avanzada, los ciudadanos no podemos ser nunca ajenos al
sufrimiento que nos rodea, eso siempre se ha llamado tener
sensibilidad social, yo al menos creo que la tengo.
Me
produce bastante indignación, oír al portavoz del gobierno de turno, cuando nos pide que nos apretemos el
cinturón y que hagamos esfuerzos, curiosamente ellos, la casta
política, que son los que mejor viven, nunca los han hecho, no
renuncian ni a uno solo de sus privilegios, y curiosamente somos
nosotros los que les pagamos. Paradojas de la vida.