Para
mañana, hay convocada una concentración con
la finalidad de rodear el Congreso de los Diputados, y según los
convocantes, “permanecer allí de forma indefinida, hasta conseguir
la disolución de las cortes y la apertura de un proceso
constituyente para la redacción de una nueva constitución, esta vez
sí, la de un estado democrático”.
De
entrada, los fines perseguidos me merecen el calificativo de
“alucinantes”, aunque tras leer el manifiesto hecho
público por los promotores, tengo que decir que parte de razón les
asiste en el análisis que hacen de la situación actual.
Desde
mi punto de vista, esta convocatoria, y todas las que se produzcan de
aquí en adelante, tienen su origen en el hecho de que, parte de la
ciudadanía tiene ya muy claro que ninguno de los partidos que pueden
gobernar nuestro país, están dispuestos a realizar los cambios
necesarios para que nuestro sistema político sea realmente
democrático, justo y limpio.
Es
evidente que en absoluto me identifico con quienes convocan esta
acción. Solo tenéis que echarle una mirada a lo que exigen, para
daros cuenta de que estamos hablando de una iniciativa de corte
rupturista y revolucionaria, cuando yo siempre he abogado por
refundar nuestra democracia mediante una segunda Transición que no
cometa los graves errores de la primera.
De
todas maneras, aunque soy consciente de que es una concentración
ilegal, tipificada como delito, me resulta curioso que una parte del
pueblo soberano, ya que cada ciudadano español es portador de su
parte alícuota de soberanía nacional, piense como piense, rodee a
los que se suponen son sus representantes democráticamente elegidos.
Se que muchos me diréis, lo que repiten sin cesar muchos medios y el
gobierno, que los que van a acudir a esa cita convocada a través de
las redes sociales son antisistema, activistas radicales de
izquierdas, y posiblemente de derechas también, violentos, okupas,
en fin, toda una fauna variopinta; estoy seguro que también acudirán
representantes de colectivos maltratados por la crisis.
Cospedal
ha manifestado que esta convocatoria es lo más grave desde el 23-F,
que es golpista. Yo le diría a esta señora, que si por ejemplo nos
fijamos en cuantos diputados están imputados o cuantos son
sospechosos de corrupción, posiblemente el porcentaje de
delincuentes sea mayor entre los diputados que entre los que se
concentren fuera.
La
solución no es rodear el edificio del Congreso con 1500
antidisturbios para evitar que los manifestantes entren, la solución
es prever que si la casta política sigue defendiendo sus intereses y
no los de los que les han votado, las protestas irán en aumento y la
violencia ira “increscendo”. La ciudadanía está muy cabreada y
parece que lo de mañana puede ser el punto de inflexión de una
sociedad que le ha dado la espalda definitivamente a los partidos
antiguos, los que nos han abocado a esta situación límite.
Que
nadie olvide que mañana, unos, los de dentro, los rodeados,
defienden mantener sus privilegios, y los de fuera, exigen sus
derechos, posiblemente desde la utopía.
De
todas formas, no puedo esconder mi deseo de que el 25 de septiembre
sirva para meterle el miedo en el cuerpo a nuestra nefasta clase
política, al bipartidismo y a sus adheridos, nacionalistas e IU; lo
mismo, no tienen mas remedio que empezar a “ponerse las pilas” y
empezar a hacer lo que deben.