Reproduzco
a continuación, un artículo publicado por la prensa alemana y
firmado por Stefanie Claudia Müller, corresponsal alemana en Madrid
y economista.

Tengo
que deciros que, comparto en su totalidad lo que dice; si comparáis
lo que dice esta señora en relación a lo que nos cuentan aquí los
medios informativos y nuestros gobernantes, nos damos cuenta del
engaño en que nos quieren tener sumidos.

Queda
claro tras leerlo que en Europa ya nos han “calao” y que en
absoluto se fían de nosotros. Muchos llevamos denunciando estas
cosas desde hace bastante tiempo, pero interesa silenciarnos. Leedlo,
no tiene desperdicio.

En
Alemania crece la critica contra la supuesta «mentalidad de
fiesta» de los españoles; en España los medios cada vez son
más negativos con la supuesta dureza de la canciller Merkel.

España
no es Grecia, pero España puede ser un paciente crónico si
Alemania, junto con Europa, no contribuye a solucionar sus verdaderos
problemas. España no debería recibir más dinero sin que se cambie
a fondo el sistema político y económico, hoy en manos de una
oligarquía política aliada con la oligarquía económica y
financiera, y sin que se aumente la participación ciudadana real en
las decisiones políticas.

Para
no perpetuar la crisis y endeudar a los españoles durante
generaciones, el Gobierno español debe reformar a fondo la
administración de las comunidades autónomas y los ayuntamientos, en
su mayoría en bancarrota y completamente fuera de control,
sometiendo a referéndum el modelo de Estado. Este tema es la clave
del futuro de España, porque las regiones, ayuntamientos y
diputaciones son los responsables de los dos tercios del gasto
público -234.000 millones frente a 118.000 el Estado en 2011-,
excluyendo la Seguridad Social -23.000 millones-, y este gasto se
realiza en condiciones de descontrol, despilfarro y corrupción
totalmente inaceptables.

Las
razones verdaderas de la crisis del país, en consonancia con lo
dicho, nada tienen que ver, aunque muchos aún lo siguen defendiendo,
con salarios

demasiado
altos -un 60 % de la población ocupada gana menos de 1.000
euros/mes-, pensiones demasiado altas -la pensión media es de 785
euros, el 63% de la media de la UE-15- o pocas horas de trabajo, como
se ha trasmitido a veces desde Alemania.

A
España tampoco le falta talento, ni capacidad empresarial ni
creatividad. Tiene grandes pensadores, creativos, ingenieros, médicos
excelentes y gestores de primer nivel. La razón de la enfermedad de
España es un modelo de Estado inviable, fuente de todo nepotismo y
de toda corrupción, impuesto por una oligarquía de partidos en
connivencia con las oligarquías financiera y económica, y con el
poder judicial y los organismos de control a su servicio. En España
no existe separación de poderes, ni independencia del poder
judicial, ni los diputados representan a los ciudadanos, solo a los
partidos que los ponen en una lista. Todo esto lleva también a una
economía sumergida que llega al 20% del PIB y que frena la
competencia, la eficacia y el desarrollo del país. Además, detrae
recursos con los que podrían financiarse educación y sanidad.

Las
ayudas para España, igual que para otros posible candidatos de
rescates, no deben ir a unos bancos ya casi en bancarrota y
fuertemente politizados. En

la
CAM, el Gobierno ha comprometido 16.000 millones de dinero público
en lugar de cerrarla; en Bankia, 23.000, y el Ejecutivo acaba de
darle 5.000 millones urgentemente para cubrir pérdidas en vez de
cerrarla, y además de forma tan extraña que despierta todo tipo de
recelos. ¿Por qué se ha utilizado el dinero de los españoles
(FROB) en vez de esperar los fondos de la UE? Es lícito suponer que
la razón es la siguiente: los bancos no quieren que la UE investigue
sus cuentas. Control estricto y duras condiciones.

Ya
el caso de Grecia ha demostrado que las ayudas europeas tienen que
estar vinculadas a un control estricto y condiciones duras. Esas
condiciones no pueden solamente representar recortes sociales o
subidas brutales de impuestos, como hace ahora el Gobierno de Mariano
Rajoy con la excusa de Europa. Se tiene que cambiar más en España
que cortar gasto social, que de todos modos es mucho más bajo que en
Alemania, y hay otros gastos infinitamente más relevantes que se
pueden eliminar. Además, los casos de corrupción resultan tan
escandalosos, incluso en el propio Gobierno, que uno solo puede
llegar a una conclusión: el dinero de Europa no puede ser manejado
por personas tan increíblemente venales.

Hace
poco tiempo, el ministro de Industria Soria -imputado también por
corrupción urbanística en Canarias- acusó al ministro de Hacienda
en el Consejo de Ministros de favorecer descaradamente a la empresa
líder de renovables, Abengoa, de la que había sido asesor, en la
nueva regulación de estas energías, que reciben más de 7.000
millones de euros de subvenciones anualmente. Y Rajoy, al que entregó
una carta probatoria, ni dijo ni hizo absolutamente nada.

No
puede permitirse por más tiempo este nivel de corrupción, y menos
aún a 17 regiones funcionando como estados independientes, con todos
los organismos multiplicados por 17, desde 17 servicios
meteorológicos a 17 defensores del pueblo, con 200 embajadas, 50
canales de TV regionales en pérdida, 30.000 coches oficiales o 4.000
empresas públicas que emplean a 520.000 personas, creadas
específicamente para ocultar deuda y colocar a familiares y amigos
sin control ni fiscalización alguna.

En
conjunto, unos 120.000 millones, equivalentes al 11,4% del PIB, se
despilfarran anualmente en un sistema de nepotismo, corrupción y
falta de transparencia. Y con esto se tiene que acabar, entre otras
cosas, porque ya no hay dinero. Los últimos datos de las cuentas
públicas conocidos la pasada semana son escalofriantes. El déficit
del Estado a julio ascendió al 4,62% del PIB, frente a un déficit
del 3,5% comprometido con la UE para todo el año (del 6,3%
incluyendo regiones y ayuntamientos). Pero lo realmente inaudito es
que España está gastando el doble de lo que ingresa. 101.000
millones de gasto a julio frente a 52.000 millones de ingresos, y
precisamente para poder financiar el despilfarro de regiones y
ayuntamientos, que no están en absoluto comprometidos con la
consolidación fiscal.

El
tema del déficit público es algo que roza la ciencia ficción, y
que ilustra perfectamente la credibilidad de los dos últimos
gobiernos de España. En noviembre de 2011, el Gobierno dijo que el
déficit público era del 6% del PIB; a finales de diciembre, el
nuevo Gobierno dijo que le habían engañado y que el déficit era
superior al 8%, y que se tomaba tres meses para calcularlo con toda
precisión. A finales de marzo, se dijo que definitivamente era del
8,5%, y ésta fue la cifra que se envió a Bruselas. Dos semanas
después, la Comunidad de Madrid dijo que sus cifras eran erróneas y
el Ayuntamiento de la capital igual… el déficit era ya del
8,7%.Sin embargo, la semana pasada el INE dijo que el PIB de 2011
estaba sobrevalorado y, con la nueva cifra, el déficit era del 9,1%;
dos días después, Valencia dijo que su déficit era de 3.000
millones más; o sea, que estamos en el 9,4% y las otras 15 CCAA y
8.120 ayuntamientos aún no han corregido sus cifras de 2011. Lo
único que sabemos es que están todas infravaloradas. El déficit
real de 2011 puede estar por encima del 11%, y en 2012 se está
gastando el doble de lo que se ingresa. Como dice el Gobierno de
Rajoy, “estamos en la senda de convergencia”. Y es verdad… de
convergencia hacia Grecia.

Claramente,
la joven democracia española tiene todavía mucho déficit de
representatividad y de democracia que deberían interesar a la
canciller Merkel y también a Europa, si queremos evitar una Grecia
multiplicada por cinco y salvar el euro. Esto es lo que ha hecho
posible el despilfarro masivo de las ayudas europeas, con una
asignación disparatada de las mismas, a pesar de que estas ayudas
han supuesto una cifra aún mayor que la que se otorgó por el Plan
Marshall para toda Europa.

Es
frustrante que a causa de este sistema oligárquico nepotista y
corrupto se destroce talento y creatividad y que ahora muchos jóvenes
se vean forzados a trabajar fuera, muchos en Alemania. Esa situación
nos ha llevado a una distribución de riqueza que es de las más
injustas de la OECD. La antaño fuerte clase media española está
siendo literalmente aniquilada. Resumiendo: no es una falta de
voluntad de trabajo, como se piensa tal vez en algunos países del
norte de Europa, lo que hace que España sufra la peor crisis
económica de su Historia. Es un sistema corrupto e ineficiente. La
crítica del Gobierno alemán y sus condiciones para un rescate de
España se deberían concentrar en la solución de esos problemas. En
caso contrario, solo conseguirán que una casta política
incompetente y corrupta arruine a la nación para varias
generaciones.

Tras
leer este artículo, os debe pasar como a mí; no se si seguir
denunciando lo que ocurre, si irme a vivir a otro país o engrosar
las filas de esa “revolución” que parece gestarse. Lo que si que
es cierto, es que uno se plantea si realmente nuestro sistema tiene
arreglo desde dentro a estas alturas de degradación. 

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