Tengo que reconocer, que me resulta enormemente difícil escribir sobre este personaje. Tras este nombre se escondía una persona que en vida fue capaz de comportarse, por una parte, como un auténtico monstruo sanguinario, y por otra, como una pieza clave en la Transición pacífica de la Dictadura a la Democracia.
Santiago Carrillo forma parte de la memoria colectiva de todos los que vivimos la muerte de Franco y la Transición; explicarle hoy en día a nuestros jóvenes quien fue, entiendo que no es nada fácil si pretendemos hacerlo con objetividad.
Estamos ante alguien, acusado de ser el responsable del genocidio de cinco mil inocentes por el simple hecho de ser contrarios a la República, especialmente clérigos y religiosos. En ese tiempo, Carrillo, era Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, al comienzo de la Guerra Civil Española, en su mano estuvo el haber evitado la matanza y no lo hizo. Se libró de la justicia gracias a la Ley de Amnistía de Franco del 1 de abril de 1969, que supuso un primer paso para la reconciliación de los españoles.
Santiago Carrillo era un estalinista, defensor a ultranza del comunismo sovietico. Un habitual en aquellas manifestaciones de triste recuerdo donde, bajo el lema de “Viva Rusia, muera España”, desde donde se llamaba a la unión de los hermanos proletarios.
Cuando terminó la guerra se fue a la URSS, pasando unos años bajo la protección de su admirado Stalin, para trasladarse posteriormente a París, donde residió hasta los años setenta.
A finales de 1976 vuelve a España y nos sorprende a todos al pasar a defender las tesis de una reconciliación nacional basada en la transición pacífica de una dictadura a una democracia parlamentaria. En abril de 1977 hasta reconoció la bandera rojigualda y aceptó la monarquía, aunque todo hace pensar que lo hizo por el temor que tenía a un golpe militar. El hecho de que en los actos del PCE, su partido, nunca se usara la bandera nacional y se siguiera aspirando a la república, hace pensar, que ese acatamiento nunca fue sincero.
La Transición fue perdón y reconciliación, y desde ese pensamiento debemos de juzgar a personajes como Carrillo. No creo que sea digno de ponerlo como ejemplo de nada, pero si creo que con su comportamiento ayudó a que la Democracia llegara a España.
Entiendo, que a los familiares y a los descendientes de los masacrados por Carrillo en Paracuellos, les cueste, les duela, cuando ven a nuestro Rey dirigirse a su domicilio a dar el pésame a sus familiares, a los familiares de un verdugo, y les dice que era una persona muy querida, pero ese es el precio que hay que pagar por ese gran consenso que fue la Transición.
Creo que ya ha llegado la hora, no de olvidar, pero si de dejar de remover el dolor. Espero que esta muerte sirva para que los fantasmas que resucitó Zapatero con su Ley de Memoria Histórica, vuelvan a sus tumbas y nos dejen vivir mirando al futuro.
Me gusta mucho este articulo.