Lo que digo a continuación sé que es políticamente muy incorrecto, lo que sucede, es que ya hace mucho que dejé de ser súbdito de esa dictadura. Os animo a vosotros a que también digáis siempre lo que pensáis, sin plegaros a lo que la casta política que padecemos estime correcto.
Estos días, hemos sido testigos del gran revuelo que han causado las palabras del coronel retirado del Ejército de Tierra, Francisco Alamán, en donde abogaba por una hipotética intervención militar para impedir una posible declaración de independencia de Cataluña, así como, la ilegalización de los partidos independentistas. En concreto, sus palabras fueron las siguientes: «no les va a resultar nada fácil a los soberanistas catalanes acabar con 1.500 años de historia. España no es Yugoslavia ni Bélgica. Aunque el león parezca dormido, que no provoquen demasiado al león, porque ya ha dado pruebas sobradas de su ferocidad a lo largo de los siglos. «¿La independencia de Cataluña? Por encima de mi cadáver y el de muchos militares».
Desde mi punto de vista, resulta incomprensible que alguien se escandalice de que un jefe del Ejército Español defienda la unidad de su nación. Parece ser, que casi nadie ha leído la Constitución. Los militares juran cumplir el ordenamiento constitucional, un ordenamiento que consagra la unidad de España como principio irrenunciable, así como, defender su integridad territorial hasta con sus propias vidas.
En lo referente a ilegalizar los partidos independentistas, tengo que decir que no es el primero que lo pide, y por supuesto no será el último. Yo, personalmente, en algún artículo de este blog he tocado el asunto, y tengo que afirmar que he llegado a la conclusión de que no se puede permitir que dentro de la legalidad estén partidos que sólo utilizan el sistema para aprovecharse de él y desde dentro intentar destruirlo. En países vecinos, con mucha mayor tradición democrática que nosotros, los partidos independentistas están prohibidos.
La debilidad de los sucesivos gobiernos centrales está haciendo que los desplantes de los independentistas crezcan en progresión geométrica, en Cataluña hace mucho tiempo que no está vigente la Constitución y, socialistas y populares, cuando gobiernan en Madrid, no hacen nada para impedirlo. Si se diera el caso de que un gobierno autonómico declarara la independencia y el Gobierno central no actuara de inmediato, nuestro ejército tendría toda la legitimidad para intervenir e imponer legalidad constitucional, sencillamente porque esa es su obligación.
Las Fuerzas Armadas son las garantes últimas de la unidad nacional; aquí ya no hay ejército golpista, los golpístas actuales son los separatistas y sus cómplices, si, los que les dan cobertura desde dentro de los partidos que se suponen son nacionales.
Frente a una derecha liberal y acomplejada que acepta esta realidad, muchos nos atrevemos a decir alto, claro y en español que eso se acabó. Esta democracia no puede seguir descansando sobre un lecho de mentiras y provocaciones por parte de siempre los mismos. No podemos dejar de rebelarnos intelectualmente ante la imposición de mantras tan absurdos como que lo casposo y lo ilegal es la defensa de la unidad nacional, mientras que la exaltación del independentismo, es lo legítimo. O jugamos todos el mismo juego o se acabó la partida. Eso lo debería haber exigido la derecha pánfila española hace más de tres décadas.
Se quiere someter al coronel Alamán al linchamiento público por decir precisamente lo que tiene que decir un coronel del Ejército español en un momento tan crucial como el que vive esta nación.
Puede estarse de acuerdo o no con lo que diga el coronel Alamán, yo por supuesto lo estoy como costitucionalista que soy, pero lo que no puede dejar de admirarse es la gallardía de su actitud al defender el significado del artículo 8 de la Constitución. El coronel Alamán, se comulgue o no con su manera de sentir España, merece que se le reconozca honestidad intelectual y sinceridad patriótica. Ya está bien de que cuando un español cabal y decente habla de España con respeto y lealtad, lo califican de subversivo y fascista, cuando los auténticos fascistas son los independentistas.
Creemos que en vez de seguir el juego a los que piden la cabeza del coronel Alamán, abiertamente y con impudicia punible, lo que debería hacer la prensa española es solicitar al Gobierno que actúe como tal abriendo la correspondiente investigación sobre los actos sediciosos que están teniendo lugar en no pocos lugares de Cataluña: desde retiradas de banderas de los edificios consistoriales a declaraciones institucionales de ruptura con España. Sólo así podremos confiar en la eficacia de un Estado que está siendo utilizado por una minoría para atacar de forma inmisericorde e imponer sus reglas sectarias a todos los que, como el coronel Alamán, amamos y respetamos solemnemente a España, una nación democrática en la que debe imperar la legalidad, la justicia y la libertad.