Cuando ese ilustre jubilado, llamado Julio Anguita, ha dado el paso de ofrecerse para ser el referente de un movimiento ciudadano que intente reconducir nuestro país, es que como el dice, ve que, “esto se va a la mierda”.
No hace falta que diga, que mis ideas nunca han estado cerca de las de Julio Anguita, pese a ello, siempre ha sido, para mí, un político interesante y carismático, debido a que es de los que siempre se le ha visto que nunca llegó a la política con otro interés que no fuera el del interés general, y esta claro, que de esos ha habido, y hay, muy pocos.
Anguita, afirma que ese movimiento, tendría carácter transversal, es decir, en el, cabrían casi todos los ciudadanos, independientemente de sus ideas políticas o creencias religiosas, ya que, los damnificados, los puteados, como el los llama, son muy diversos, y todos podrían engrosar esta pseudo-revolución. Curiosamente Anguita se niega a definir el movimiento como de izquierdas, da la impresión de que aún sigue en Izquierda Unida por comodidad y que hace tiempo que se dio cuenta de que su partido es tan culpable como los demás, que como los demás, sus compañeros practican la política de la sanguijuela, esa de estar perennemente aferrada al caudal sanguineo de la ciudadanía, chupa que te chupa. Para el que no se haya enterado, la bicha es la realidad.
Anguita propone un Decálogo para la Movilización, en donde se exige un Salario mínimo Interprofesional (SMI) de 1000 euros, ninguna pensión por debajo del SMI, extensión y ampliación de la prestación por desempleo, y también, abordar una renta básica. Una Reforma Fiscal: Progresividad, persecución del fraude fiscal, de la economía sumergida y de los paraísos fiscales. Revisar la legislación sobre las SICAV y fortalecer la Inspección Fiscal de la Hacienda Pública. Aboga por la Nacionalización de la Banca y las Cajas, así como, nacionalizar los Sectores Estratégicos de la Economía. Modificar la Constitución. Aboga por el control y democratización del sector primario de la economía, a fin de evitar situaciones de oligopolio. Separación entre la Iglesia y el Estado. Y para finalizar, considera que se debe reformar el sistema electoral para hacerlo proporcional.
En definitiva, toda una serie de medidas, con las que podemos estar más o menos a favor, pero que como mínimo requerirían mucha reflexión y consenso.
Lo importante es, que cada vez son más quienes se dan cuenta que esto no puede seguir así, que cada vez hay más gente, muy puteada y muy indignada, y que esto tiene que estallar cualquier día.
Las propuestas son todas bienvenidas, aunque esta quizás este demasiado cogida con alfileres, Anguita, posiblemente para no perjudicar a sus camaradas de IU, en su decálogo no arremete contra los privilegios de los políticos ni contra la corrupción generalizada del sistema, cosa que no entiendo.
¡Hala! Todo al mismo saco.
Julio Anguita mete en el mismo saco una serie de medidas, entre las que no se le olvida una totalmente innecesaria: la separación Iglesia-Estado.
No se ha enterado el "Califa Rojo" aún, de que España, desde la Constitución de 1978 es un Estado aconfesional.
Eso no quiere decir sino que El Estado no tiene religión, ni está supeditado a las doctrinas de la Iglesia Católica, que es a la única que se refiere, claro. Y esto era ya así, incluso en la anterior Constitución, la Constitución dispersa de las Leyes Fundamentales del Reino, desde el Concilio Vaticano II, en que se promulgó la Ley de Libertad religiosa y de culto, perdiendo el Estyado su confesionalidad, que en la Ley Orgánica del Estado, ya no aparece.
Sí lo hacía en la Ley de Sucesión a la Jefatrua del Estado de 1947, en que España se constituye en Reino, el Reino de España, que lo es de nuevo desde esta fecha.
(Artículo 1) España se constituía en Reino: "España, como unidad política, es un Estado católico, social y representativo que, de acuerdo con su tradición, se declara constituido en Reino". (En vigor, desde el 26 de julio de 1947)
En la Ley Orgánica del Estado, desaparecen las menciones al catolicismo.
"Título I. El Estado Nacional
Artículo 1.-
I. El Estado español, constituido en Reino, es la suprema institución de la comunidad nacional.
II. Al Estado incumbe el ejercicio de la soberanía a través de los órganos adecuados a los fines que ha de cumplir.
Artículo 2.-
I. La soberanía nacional es una e indivisible, sin que sea susceptible de delegación ni cesión.
II. El sistema institucional del Estado español responde a los principios de unidad de poder y coordinación de funciones.
Artículo 3.- Son fines fundamentales del Estado:
1. La defensa de la unidad entre los hombres y entre las tierras de España;
2. El mantenimiento de la integridad, independencia y seguridad de la Nación;
3. La salvaguardia del patrimonio espiritual y material de los españoles;
4. El amparo de los derechos de la persona, de la familia y de la sociedad; y
5. La promoción de un orden social justo en el que todo interés particular quede subordinado al bien común. Todo ello bajo la inspiración y la más estricta fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional promulgados por la Ley fundamental de 17 de mayo de 1958, que son, por su propia naturaleza, permanentes e inalterables.
Artículo 4.- El Movimiento Nacional, comunión de los españoles en los Principios a que se refiere el Artículo anterior, informa el orden político, abierto a la totalidad de los españoles y, para el mejor servicio de la Patria, promueve la vida política en régimen de ordenada concurrencia de criterios.
Artículo 5.- La bandera nacional es la compuesta por tres franjas horizontales: roja, gualda y roja; la gualda, de doble anchura que las rojas." (En vigor, desde 10 de enero de 1967)
O sea, don Julio, que "menos lobos, Caperucita.
No cita ni de pasada siquiera la desaparicioón de las CACAs.
Curioso, ¿no?
Ja..ja…Muy bueno lo de llamarle "bicha" a la realidad.
Julio Anguita efectivamente siempre ha sido una persona carismática y aunque sus ideas no son muy descabelladas…no creo que tenga ninguna receta mágica.
Buen artículo Alejandro.
Y buena respuesta del anterior comentarista Wolfson.