Hasta el partido de liga, FC
Barcelona-Real Madrid, ha tenido que suspenderse porque no está garantizada la
seguridad de ninguno de los actores del choque. Y no está garantizada, porque
Pedro Sánchez, pese a poseer los instrumentos legales y policiales necesarios,
se niega a sofocar la insurrección separatista, permitiendo que Barcelona sea
una ciudad fuera de control donde los policías heridos se cuentan por decenas.
La situación es insostenible,
la policía nacional se enfrenta en absoluta soledad y con órdenes de no herir a
nadie, a una guerrilla terrorista organizada apoyada por el gobierno golpista
catalán. Es evidente que, si Sánchez se empeña en seguir sin adoptar medidas
legales urgentes, cada vez será más difícil restaurar el imperio de la ley.
Sánchez no actúa,
simplemente, porque gracias a los votos de Torra y su banda, fue proclamado
presidente, y tras el 10-N, piensa que puede ocurrir lo mismo, su deducción, no
puedo cabrearles, solo piensa en él.
Aquel a quien Sánchez
protege, el presidente Torra, manifestó ayer su firme propósito de volver a
realizar un referéndum ilegal de autodeterminación en 2020, en cualquier
democracia de nuestro entorno, este demente habría sido ya detenido, pero
España es “diferent” y su presidente “un peligro público”.
Se ha sabido que, cuando más
ardía Barcelona, el ministro Marlaska se fue de juerga a un restaurante de
Chueca con sus amiguitos, recuerdo que cuando un alto
cargo de Emergencias (Ciudadanos) de la Comunidad de Murcia se fue al teatro en
medio de las inundaciones, la izquierda hizo que dimitiera.
Los separatistas han
conseguido hasta que la SEAT pare la producción, y que el Grupo Wolkswagen les autorice a cerrar la factoría cuando lo consideren oportuno. El separatismo arruina Cataluña.
