Posiblemente sea uno de los asuntos más espinosos del debate político en España, me refiero a la posible relación entre los índices de delincuencia y la inmigración masiva. El mero hecho de relacionarlos es a menudo censurado con acusaciones de racismo y xenofobia. Pero ¿qué dicen las estadísticas oficiales? Es absurdo pretender combatir la delincuencia si se ignoran voluntariamente sus causas.
Que haya un alto porcentaje de delincuentes de ciertas nacionalidades, evidentemente no significa, que todas las personas de esas procedencias sean unos delincuentes.
Lo que indican esas estadísticas es que existen graves fallos en las políticas de inmigración y de integración. Si los inmigrantes de cierta nacionalidad son más problemáticos que otros, en algunos casos por proceder de culturas distintas e incompatibles con la nuestra, esto debería tenerse en cuenta a la hora de regular los flujos migratorios y establecer filtros más exigentes para los inmigrantes de ciertos países, simplemente por una cuestión de seguridad nacional. La prioridad de nuestro Gobierno debería ser la de proteger a la población española.
Si España tiene casi un 29% de reclusos extranjeros en sus prisiones, significa que el porcentaje de reclusos extranjeros es 2,51 veces mayor que el de población extranjera, por lo que no es una barbaridad decir, que la población extranjera respeta mucho menos nuestras leyes que nosotros. Los marroquíes son el 26,1% del total de presos extranjeros, los rumanos el 9,4%, los colombianos el 8,8% y los argelinos el 4,1%
Si el mayor grupo de residentes extranjeros en España son los marroquíes, con 865.945, el 39,72% de la población extranjera, que suma un total de 2.179.998 ¿no sería lo más lógico restringir al máximo su entrada en España y priorizar la llegada de los de las nacionalidades que más respetan nuestras leyes?
Lo triste es que estos datos se están ignorando. Lo que es sangrante es que en España te insulten “llamándote de todo” por el mero hecho de señalar un problema que dejan muy claro las propias estadísticas oficiales. Intentan censurar la realidad.