El discurso que pronunció
ayer, Mariano Rajoy, en el Congreso del Partido Popular, careció en absoluto de
autocrítica. Excepto lo conseguido en lo económico, en casi todo lo demás ha
fracasado, y Rajoy se niega a reconocer su fracaso.
Si es grave, el que Rajoy no
haga autocrítica, mucho más grave es, que tras el discurso se produzca un
unánime aplauso de cinco minutos. Nadie parece acordarse, de los votos que
cosechó el PP para que Rajoy ocupara La Moncloa y lo fuerte que, por entonces,
estaba el partido. Mariano Rajoy, deja a su partido destrozado, casi sin poder
político, y con las peores expectativas electorales de su historia reciente.
Rajoy está encantado de haberse conocido, puede ser la conclusión tras su
discurso.
Los seguidores de Pablo
Casado, parecen no entender, que aplaudir hasta la locura a Rajoy, supone
aplaudir a doña Soraya, pues lo bueno y lo malo de estos años de gobierno es
atribuible a los dos. A Casado le han faltado bemoles para criticar al que se
ha ido, ha preferido ser un palmero más en el acto norcoreano de ayer de
adhesión al líder supremo que se va.
Pese a no pertenecer al
Partido Popular, he manifestado mis claras preferencias por Pablo Casado, y mi
absoluto desprecio por doña Soraya, no obstante, tengo que reconocer que Casado
es un melón sin calar, y que, si fuese el elegido por los compromisarios, el
éxito de su presidencia, en absoluto estaría garantizado, pues no tengo ninguna
confianza en que pueda atreverse a cargarse a tanta vaca sagrada momificada y a
tanto corrupto, condiciones indispensables para que se produzca la deseada
regeneración a la que tantos militantes, simpatizantes y votantes, aspiran.
