Cuando llegaron al gobierno
andaluz, el Partido Popular con la boca grande, y Ciudadanos con la boca
pequeña, dijeron esa frase tan manida de que “iban a levantar las alfombras de
la Junta de Andalucía”. Pese a que quieren aparentar lo contrario, no están
cumpliendo esa promesa que le hicieron a los andaluces, solo están haciendo
tímidos intentos, tienen el poder y les siguen temblando las piernas.
Desde hace años, la Cámara de
Cuentas viene denunciando las irregularidades y los vicios administrativos que
cometían los socialistas, gran parte de ellos, delictivos, ahora, Moreno
Bonilla (PP) y Juan Marín (Cs), en vez de encargar la auditoría a una empresa
de prestigio, externa, solvente e independiente, le han encargado a los propios
auditores de la Junta de Andalucía hacerla, y claro está, los que en su día le
hicieron el juego a los corruptos socialistas no van ahora a entonar el mea
culpa.
En vez de cargarse de un
plumazo toda la administración paralela, esa donde los socialistas amamantaban
a sus legiones de enchufados, auditan doce empresas públicas, y en ellas
detectan casi diez mil empleados no funcionarios, y el colmo, para no molestar
a la izquierda, afirman que estudiarán cada caso individualmente. Vamos que,
como se dice en esta tierra “no hay huevos” de despedirlos en masa. El
resultado ya lo conocemos, gobierna la derecha y los pesebres socialistas
siguen siendo abastecidos, de vergüenza.
Eso sí, los auditores del
régimen, repiten lo dicho por la Cámara de Cuentas, duplicidad de funciones,
falta de rigor en las contrataciones, criterios ineficaces en la gestión, bla,
bla, bla. El final de esta película lo conocemos todos, los saqueadores
socialistas se van de rositas e impera la impunidad en Andalucía.
