En la madrugada del pasado sábado tuvo lugar un cobarde crimen en las calles de La Coruña en el que un joven, Samuel, murió tras recibir una cobarde paliza por un grupo de jóvenes.
La verdad sobre los motivos que provocaron el fatal desenlace se sabe, pues fue simplemente que este joven estaba realizando una videollamada en el lugar equivocado, pues sus agresores interpretaron que les estaba grabando a ellos y desataron su violencia contra él, una violencia extrema que terminó en su asesinato. De crimen homófobo, nada de nada.
Independientemente de la orientación sexual de Samuel, asunto que no me interesa lo más mínimo, todo parece indicar que era un joven de gran calidad humana y que se preocupaba por los demás, conclusión que saco tras las palabras de quienes le conocían.
Lo más triste de este caso es el infame intento de la izquierda de vincular esta muerte con la condición sexual de Samuel. Las declaraciones de dirigentes de Podemos y de ministras del Gobierno, lo único que demuestran, es su bajeza moral. Incluso el padre del fallecido ha querido cortar de raíz la campaña en vista de la rapidez con la que Monedero y otros dirigentes morados han dictado sentencia contra Vox en las redes sociales, pidiendo en los medios que no se politice el caso. Vox ya ha anunciado acciones penales por injurias y calumnias contra Monedero y la militante socialista Martu Garrote, por la campaña «infame y asquerosa» de «demonización y deshumanización» a la que están siendo sometidos por la «izquierda progre».
La izquierda necesita con urgencia que un miembro del colectivo LGTB sea asesinado por su condición sexual para así tener una coartada que justifique los multimillonarios fondos públicos que les otorgan a este colectivo, gran pesebre de socialistas y comunistas.