Los españoles tenemos la gran desgracia, de tener a una “discapacitada intelectual” al frente de un ministerio, me refiero a la hembrista, Irene Montero. Esta mujer se ha empeñado en que se apruebe la ley Orgánica de la Libertad Integral de la Libertad Sexual, conocida como la ley del “solo si es si”. Pese a que el Ministerio de Justicia ha intentado maquillar el disparatado y defectuoso texto, no lo ha logrado.
Tras aprobarlo el Consejo de Ministros, comienza su tramitación parlamentaria para reformar el Código Penal en lo concerniente a los delitos contra la libertad sexual, una regulación ya modificada desde su aprobación en 1995.
El eslogan “solo el sí es sí” resalta la necesidad del consentimiento mutuo para que la relación no sea constitutiva de delito. La regulación actual ya se asienta sobre la idea de ese consentimiento, y cuando no lo hay, lo castiga. El problema siempre ha residido en las dificultades que se plantean a la hora de investigar si ha habido o no consentimiento, pues siempre quien agrede afirma que lo había, al contrario que la víctima, que siempre lo niega.
Esta confrontación de declaraciones contradictorias ha de juzgarse siempre bajo el principio constitucional de la presunción de inocencia, y siempre quien acusa es quien debe demostrar que se ha cometido el delito mediante la aportación de pruebas.
Por mucho que con esta ley se propongan, tanto las izquierdas como el feminismo radical que sufrimos, que la sola declaración de la víctima sea la prueba definitiva y se le dé siempre veracidad, aunque se apruebe la ley, será una abominación legal. No podemos olvidar, que las relaciones sexuales se tienen habitualmente en un contexto de aislamiento y soledad, es decir, sin testigos. Los jueces lo tendrán muy crudo.