Independientemente del asco
que nos pueda producir a los españoles de bien el comportamiento de los
miembros de La Manada de Pamplona. De la sentencia que los condena a quince
años de prisión, lo más importante, lo que más nos atañe a los hombres de este
país, es la jurisprudencia que se crea en torno al concepto “intimidación”.
Hasta ahora se entendía, que
un hombre para tener relaciones sexuales con una mujer sin su consentimiento,
lo hacía utilizando la violencia, por lo que en el cuerpo de ella quedarían
huellas del delito cometido, pero ahora, al introducir el concepto de la
intimidación, teniendo en cuenta que el sexo se suele practicar en privado
entre dos personas, aceptar ese concepto, significa que se tiene que aceptar
como prueba solo la palabra de la mujer. Incluso quedaría invalidado un
supuesto consentimiento por escrito para mantener esas relaciones sexuales,
hasta con testigos, pues la mujer podría alegar que cambió de opinión y él la
forzó.
Si nos damos cuenta, nos
encontramos ante otra vuelta de tuerca, ante otro injusto logro del
feminazismo. Con la dañina Ley de Violencia de Género, un hombre inocente puede
pasar muchas horas detenido por el simple hecho de que una mujer lo denuncie,
aunque carezca de pruebas, aunque sea inocente. Ahora, una mujer dice que se ha
sentido intimidada y sin ninguna prueba, al hombre le pueden arruinar su vida.
Soy de los que piensan, que
en nuestra sociedad hay personas buenas y malas, indistintamente de su sexo. En
el caso que nos atañe, si te toca en la cama una mujer “mala”, peligro. Cada
vez lo tenemos más crudo.
En este asunto, cuando un político dice lo que piensa y es políticamente incorrecto, se
le intenta linchar, por lo visto preferimos a los que solo dicen lo que no
piensan, esos que dicen solo lo que les aconsejan que digan sus equipos de
comunicación, así nos va.
