Pablo Casado, ha presentado a
su nueva cúpula, a su equipo de confianza, a la Junta Directiva Nacional del
Partido Popular, un grupo de personas cuyo objetivo es el de desarrollar el
proyecto político que tiene en mente su líder. Casado ha escenificado el
comienzo de un nuevo tiempo en su partido.
Sin duda alguna, el
nombramiento de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz del PP en el Congreso
de los Diputados, ha sido lo más destacado. Para mí, Cayetana, es lo mejor que
tiene su partido, y de cara a los intensos debates parlamentarios que nos
esperan, seguro que ejercerá su portavocía, con intensidad y apasionamiento,
evidentemente, está preparada para la misión que le ha encargado Pablo Casado,
y es de los pocos populares a los que sería injusto llamarla “maricomplejines”
pues habla muy claro.
Aunque también es cierto, que
Álvarez de Toledo representa al ala más derechista del PP y ha sido puesta ahí
para intentar evitar la continua hemorragia de votos hacia VOX. Maroto ha sido
nombrado portavoz en el Senado para todo lo contrario, claramente para hacer un
gesto a quienes se fueron a Ciudadanos, y eso, pese a no tener la confianza
total de Casado.
Para mí, es incompatible
nombrar a Cayetana y mantener el discurso de querer ser la referencia del
centro-derecha, pues eso que ocurría durante el bipartidismo de querer
representar desde el centro a la extrema-derecha, jamás volverá, pues el centro
es Ciudadanos y la derecha de siempre es VOX. Los que se fueron con Abascal
dudo que olviden las traiciones, a los principios y a los valores de la derecha
de siempre protagonizados por el PP, sobre todo, durante el periodo de Mariano
Rajoy. El problema del actual PP es
encontrar su sitio, un sitio, en el caso en que haya hueco.
Nos enfrentamos a un periodo
de inestabilidad y todos los partidos constitucionalistas deben estar
preparados para afrontarlo, en septiembre podría haber gobierno socialista en
minoría, coalición de partidos de izquierda, y hasta nuevas elecciones. Tras lo
que va a perpetrar el PSOE en Navarra, rompiendo todos los puentes de la
decencia política, nada será igual, y los partidos constitucionalistas deben
estar preparados para el peor de los escenarios.
