Cuantas mentiras nos contó
por entonces, Pablo Iglesias y su partido, cuando solo se trataba de una burda
estrategia política orquestada para sacar beneficio político. El caso Dina fue
utilizado por él para aparecer ante los ciudadanos como víctima de las llamadas
cloacas, ahora se sabe que casi todo era falso, y que la única cloaca que de
verdad actuó fue la suya, la de su partido, la de Podemos.
Solo de las noticias aparecidas
en los medios sobre este caso, noticias nunca desmentidas por los interesados,
hacen que se deban considerar como indicios sólidos, privilegiados y
suficientes, para el inicio de una investigación contra el llamado por algunos
“Pablenin” y sus secuaces.
Este caso no tiene
desperdicio. De entrada, queda ratificado que pasar por la cama de Iglesias, siempre
tiene premio, de la nada a parlamentaria, a ministra, o a montarle un medio de
comunicación. Fiscales anticorrupción que filtran información a los
investigados y que supuestamente hasta se encaman con miembros de la
organización investigada.
Mirad por donde, de nuevo ha
tenido que ser Vox el que denuncie el caso ante la Fiscalía Anticorrupción,
espero que caiga en manos de uno de los fiscales no corruptos. Los delitos
detectados por los de Abascal han sido, denuncia falsa, falso testimonio,
simulación de delito, estafa procesal, tráfico de influencias y revelación de
secretos. Dina e Iglesias, el fiscal Ignacio Stampa y la abogada Marta Flor,
parecen ser los protagonistas de un culebrón de cualquier república bananera,
pero por supuesto, impropio en un país como el nuestro.
Como si Iglesias cae, Sánchez
cae, veremos que se inventa el “Fraudillo” para salvarle el culo a su socio.
