La escalada de violencia que
protagonizan los independentistas, va en paralelo a las dificultades que tienen
para movilizar a los que hasta ahora les apoyaban. Desatar la violencia
extrema, incendiar las calles, e impedir a la población que haga su vida, puede
costarle muy caro a los separatistas, pues catalanes que hasta ahora querían
mantenerse al margen de lo que ocurre, empiezan a estar hasta el gorro de esos
que no les permiten vivir con normalidad.
Y cuando alguien está hasta
el gorro, puede abandonar su pasividad y rebelarse, y eso es lo que empiezan a
hacer muchos. Todos hemos visto videos de conductores que se encaran con los
niñatos independentistas subvencionados que no les permiten trabajar o
simplemente llegar a su casa, ayer mismo vimos como universitarios que
pretendían ir a clase se enfrentaban a quienes mediante la fuerza se lo
impedían.
Algo está cambiando en
Cataluña y se verá en las próximas elecciones. Ya, casi nadie les dice que
saldrán beneficiados con la independencia, como les decían antes, ahora saben
que la finalidad de los sediciosos es llegar a ella a cualquier coste, y ellos,
los catalanes, empiezan a sufrir en sus carnes las consecuencias de lo que
nunca llegará pero que ya está hundiendo a Cataluña. Recuperar el daño
económico que le ha causado a Cataluña el independentismo y la imagen
deteriorada de Barcelona, costará décadas, y los catalanes lo saben.
Mientras algo no te afecta,
es fácil unirte a una gran mentira que apela a unos sentimientos que te han
inculcado mediante ingeniería social, utilizando la educación y utilizando los
medios de comunicación. Pero cuando ves peligrar, tu futuro y el de tus hijos, la
cosa cambia, y muchos, los más espabilados, se darán cuenta de que les han
estafado.
