Nuestro ministro del
Interior, Grande-Marlaska, ha manifestado su intención de quitar las llamadas
“concertinas” de las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla, un dispositivo
montado por el gobierno de Zapatero para parar las continuas avalanchas de
inmigrantes subsaharianos.
Un ministro no solo puede
guiarse por sus buenas intenciones, tiene que valorar muchas otras cosas. Antes
de pronunciarse, debería haber visitado nuestras dos ciudades norteafricanas y
haber hablado con los españoles que allí residen, y sobre todo, con los Cuerpos
y Fuerzas de Seguridad del Estado allí desplazados. Si se quitan las
concertinas, se tiene que aplicar de inmediato otra alternativa que mejore el
blindaje de la frontera con Marruecos.
Debería saber este Gobierno, que cuando un suicida se tira desde un edificio, el culpable no es el arquitecto que lo diseñó, el único culpable es el suicida.
Si se retiran las
concertinas, como mínimo, tienes que aumentar enormemente la presencia policial
y permitirles usar la fuerza, y todos sabemos que este Gobierno no lo va a
hacer ¿Entonces, que se pretende, que se crucen de brazos y consientan la
invasión?
Ángela Merkel, abrió la caja
de los truenos cuando permitió la entrada de dos millones de refugiados,
inmigrantes y terroristas, en su territorio, algo que le sigue pasando factura.
Desde entonces, cada vez más países europeos se oponen abiertamente a aceptar
inmigración no regulada ¿España va a ser la excepción? ¿Iremos contracorriente?
Nuestra sociedad es posible,
gracias a que aceptamos unas reglas de convivencia, unas reglas que sí o sí,
deben también ser aceptadas por todos los que vienen. Es un hecho, que la casi
totalidad de quienes pretenden entrar en Europa no tienen la más mínima
intención de integrarse y aceptar, los valores políticos y sociales del país
que les acoge, pues en su mayoría, son portadores de un credo religioso
absolutamente incompatible con los valores de Occidente.
Tenemos un ministro del
Interior que lleva botines, mochila y que todavía “cree en los gnomos” ¡Qué
peligro!
