La juez Alaya, ha roto su
silencio y ha hecho unas declaraciones, que pese a ser explosivas, corroboran
lo que se sabía y lo que se suponía. La ahora magistrada de la Audiencia
Provincial de Sevilla, ha dado la impresión, de que hablaba o reventaba.
Ha descrito que fue objeto de
presiones de todo tipo, desde el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía,
desde la Fiscalía, y desde el Consejo General del Poder Judicial, incluso ha
dado los nombres de Alfonso Guerra y de Susana Díaz acusándoles de presionarla.
Ella fue quien investigó el
caso de los ERE, la mayor trama de corrupción política de la historia
democrática de España, que ahora se está juzgando. Y ella denuncia que, tanto
el PP como el PSOE, es decir, el bipartidismo, a través de los vocales que
designaron en el CGPJ, forzaron que se apartara de la causa para así impedir
que siguiera indagando. Nuestra mafiosa partitocracia tiene un statu quo, quien
se atreve a amenazarlo es descabalgado y cae en desgracia.
Pero no denuncia solo eso,
también denuncia las maniobras del Régimen socialista andaluz para torpedear su
trabajo, para entorpecerlo siempre que podía. Alaya tiene la certeza de que
“desde instancias políticas se pusieron palos en las ruedas para que no
investigara”. Apartándola, lograron que el caso del millonario fraude
institucional de los Cursos de Formación languideciera.
Tras oír a Alaya, uno se da
cuenta, de que cada vez, más partitocracia y menos democracia, y que desde hace
muchos años, los dos grandes partidos se repartían los territorios para saquear
al más puro estilo de las familias mafiosas de cualquier lugar del mundo.
Además, cuando se cargaron a
Alaya y tuvo que dejar estas macrocausas, fue sustituida por la juez Nuñez, una
auténtica sicaria con toga al servicio de la Junta de Andalucía, cuya misión
era la de que el máximo de socialistas se libraran de ser condenados, y lo
reconozco, lo está haciendo de lujo, la impunidad de los delincuentes “progresa
adecuadamente”. Susana tendrá que premiarla cuando acabe la faena.
