Te lo venden como una ayuda para el campo, pero la jugada no tiene ni pies ni cabeza. El Ministerio de Agricultura ha decidido que los olivareros españoles tienen que guardar bajo llave el 12% de su cosecha, unas 188.000 toneladas, con la excusa de que no se hunda el precio del aceite. Pero la realidad es de traca, a los de aquí les atan las manos y a los de fuera les ponen la alfombra roja, especialmente a Marruecos, dejando al sector primario y a los españoles a los pies de los caballos por culpa de las decisiones del Gobierno.

La trampa se ve de lejos y no hay que ser ningún entendido en la materia para entenderlo. Siendo España el primer productor del mundo y habiendo tenido una buena cosecha, lo normal es que el precio baje un poco de forma natural. Con el aceite español barato en los lineales, a nadie de fuera le compensa traer producto, porque sencillamente no pueden competir. Pero si el Gobierno mete la mano y retira de golpe casi 200.000 toneladas, fuerza una escasez de mentira para que el precio no baje. ¿Y quién gana con esto? El agricultor de aquí seguro que no, lo que consiguen es que traer aceite de fuera sea un negocio redondo.

Los números de las aduanas no mienten y son para echarse las manos a la cabeza. Mientras aquí se guarda el género, el aceite de Marruecos y Túnez entra sin parar aprovechando trucos y ventajas arancelarias. En los primeros siete meses de 2026 han entrado más de 92.000 toneladas de estos dos países, un 142% más que el año pasado. Lo de Marruecos clama al cielo, han pasado de mandarnos menos de 400 toneladas a meter más de 22.600 en ese mismo periodo. Un disparate total.

No tiene ningún sentido. Al agricultor español le obligan a dejar su aceite cogiendo polvo en la almazara, pagando los costes de almacenamiento y sin ver un euro, mientras la industria llena los camiones con producto del norte de África. O controlas las fronteras para que no entre competencia barata sin freno, o dejas que el mercado funcione por su cuenta. Lo que no se puede hacer es bloquear a los tuyos y dejar la puerta abierta de par en par al vecino, porque eso es jugar sucio contra nuestra propia gente.

Que el campo exija cuentas no es capricho, es pura supervivencia. Da igual si es incompetencia o si hay otras intenciones detrás, cuando las leyes ahogan al olivar de casa y le hacen el agosto a Rabat, la jugada parece pensada al milímetro para beneficiar al que viene a quitarnos el pan.

Si alguien pedía una prueba definitiva de que Sánchez es el 29-N el candidato marroquí, creo que con este caso ha quedado aclarado. A este canalla le da igual cargarse nuestro sector primario.

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