No hay que ser excesivamente
inteligente, para darse cuenta de que no puede ser casual que, a la vez,
Colombia, Chile y Ecuador, vean sus calles arder de manera “espontanea”. Evidentemente,
todo está relacionado y quienes han encendido la mecha son los mismos. En
Chile, la excusa para tanta violencia es la subida del billete del metro.
Está claro, que el comunismo
como ideología fue desenmascarado y derrotado hace ya mucho, pero también es
cierto, que en los pocos reductos dictatoriales donde sobrevive, planea y
ejecuta sus planes para desestabilizar a las democracias de la zona, en este
caso, Hispanoamérica. Cuba y Venezuela, no son capaces de alimentar a su
pueblo, pero en cambio, dedican parte de su presupuesto a movilizar a los
radicales violentos de distintos países de la zona para sumir en el caos y la
inestabilidad a esas sociedades democráticas.
Los países democráticos de
Hispanoamérica están creciendo, pero es cierto, que las grandes desigualdades
sociales se mantienen, aunque también es cierto que, en las dictaduras
comunistas de Cuba o de Venezuela, solo hay dos clases sociales, la de los
gerifaltes comunistas y los militares que les protegen del pueblo, sus
familiares y amigos, y la otra, la de la mayoría del pueblo, oprimido y sumido
en la miseria.
Los medios de comunicación
“progres”, es decir, de izquierdas, nos muestran escandalizados las barricadas
en las calles de países democráticos, y en cambio, siguen callando sobre esos
cinco millones de venezolanos que han huido de su país en el mayor éxodo de la
historia, sobre los que no han huido y mueren de hambre cada día en su país o
sobre las venezolanas que se prostituyen a diario para dar de comer a sus
hijos.
No olvidemos, que los que
atesoran tanta maldad, comparten ideología con quienes parece van a entrar en
el Gobierno de España.
