Los que creían que lo habían
visto todo en política, ayer se dieron cuenta de que se equivocaban, pues el
que habita La Moncloa se inventó un término, el de “Gobierno de cooperación”,
con el que pretende amarrar el apoyo de los podemitas sin darles lo que quieren.
Me sorprende que Pablo
Iglesias, ese que solo apoyaría la investidura de Sánchez si este se avenía a
formar un Gobierno de coalición con ellos, le haya comprado a Sánchez “una moto
que no existe”. También me sorprende, que los medios hayan entrado al trapo
tras constatar que se trata de una burda maniobra de un vulgar trilero.
Con su ocurrencia, Sánchez,
puso en apuros a los suyos, y el más esperpéntico ejemplo lo protagonizó la
portavoz socialista, Adriana Lastra, esa conocida indigente intelectual, que al
ser preguntada sobre que era un Gobierno de cooperación fue incapaz de explicarlo
y declaró “Un Gobierno de cooperación no es algo cerrado como podría ser un
Gobierno de coalición”. La pobre no tiene más luces.
Lo que quedó ayer
meridianamente claro tras la entrevista de Sánchez con Iglesias, es la extrema
debilidad del líder podemita, quien conforme pasa el tiempo, vemos cómo se va
conformando con menos, a este paso termina aceptando ser el mayordomo de
Sánchez.
Que nadie dude, que Sánchez
está negociando con todos los que le desean lo peor a España y puede que
consiga ser investido. Pero que nadie olvide, que si termina gobernando España
una reedición de ese Frente Popular de infaustos recuerdos que llevó a España a
una guerra hace ya 83 años, es porque Rivera no ha querido que Ciudadanos forme
un Gobierno de coalición con el PSOE, que era lo que prefería Sánchez, ya que
el líder de Ciudadanos piensa que le perjudicaría a su futuro político, a su
interés personal.
