Las palabras del Papa Francisco sobre los supuestos “pecados personales y sociales” que la Iglesia cometió durante la conquista de América por parte de España, son el enésimo error de un papa que desde que fue nombrado demuestra cada día el error cometido por quienes le eligieron.
Si el presidente mejicano López Obrador, al igual que la izquierda global, se siente identificado con los sanguinarios aztecas, nosotros debemos hacerlo con sus víctimas, esos pueblos que se unieron a Hernán Cortés para derribar su terrorífico imperio. El Papa debería de pensarse rectificar lo que dijo.
Francisco es argentino y Jefe del Estado Vaticano, y no tiene potestad para pedir perdón en nombre de otro Estado, España. Si se cree la falsa leyenda negra, es su problema.
Personalmente, me siento muy orgulloso de la ingente tarea realizada por nuestros antepasados, tanto en lo material como en lo espiritual, en beneficio de aquellos pueblos que nos tocó descubrir, civilizar y evangelizar, y al mismo tiempo, procurar, mantener y fomentar la relación, más estrecha y cordial, entre España y los demás pueblos hispanos, pueblos que de nosotros lo recibieron todo.
Hemos de preocuparnos todos los españoles y demás pueblos hispanos, por lograr que esa leyenda negra del inventado genocidio que proclaman populistas, comunistas y separatistas, y ahora por lo visto, también el Papa de Roma, sobre la obra de España en América, sea destruida, porque así serviremos a la verdad.
Debemos luchar, para que sepa el mundo entero que la obra civilizadora que España realizó no la concibió ni la hizo ningún otro pueblo de la Historia. Simplemente, miremos lo hecho por las otras potencias en América del Norte y comparemos.