El borrador de la Ley para la Igualdad Real y Efectiva de las Personas Trans, conocida como Ley Trans, que este mismo mes presentará la ministra de Igualdad, Irene Montero, garantiza lo que denomina literalmente el «derecho a la identidad de género libremente manifestada». Lo que quiere decir, que cualquier persona podrá cambiar legalmente su sexo sólo con acercarse al Registro Civil y solicitarlo, sin otro requisito que una «declaración expresa» y sin que «en ningún caso podrá estar condicionado a la previa exhibición de informe médico o psicológico alguno, ni la previa modificación de la apariencia o función corporal de la persona a través de procedimientos médicos, quirúrgicos o de otra índole, sin perjuicio del derecho de la persona interesada a hacer uso de tales medios».
Esta aberrante ley permitirá que, desde los 12 años, se pueda solicitar en el Registro Civil un nuevo nombre y señalar el sexo con el que la persona se identifica.
El borrador de Ley incluye que las personas con más de 16 años puedan hacer este cambio sin la aprobación de sus padres o tutores, mientras que las que sólo tengan más de 12 deberán contar con esa aprobación paterna, si bien en los casos en los que no haya acuerdo entre los progenitores o con el propio menor, éste podrá solicitar que se nombre un defensor judicial o tutor, figura a la que seguro intentarán acceder pederastas y todo tipo de pervertidos.
Esta perversa ley traerá consigo, que la “supuesta mujer” utilizará aseos y vestuarios femeninos, será ingresada en módulos carcelarios de mujeres, y en el deporte se prohibirán las pruebas médicas para verificar el sexo de los deportistas. Es de suponer que la llegada masiva al deporte femenino de trans nacidos hombres, expulsaran a las mujeres de la alta competición, al estar ellas en inferioridad física. Todo un despropósito. Lo mejor que le podía pasar a este país es que Irene Montero volviera a su antigua profesión, a cajera de supermercado, así haría menos daño a nuestra sociedad.