José Antonio Ortega Lara es un referente moral para España, o al menos, debería serlo, siendo funcionario de prisiones, fue secuestrado por ETA durante 532 días, manteniéndolo prácticamente “enterrado vivo” en un pequeño zulo.
Debe ser muy duro para este hombre ver como a todos esos terroristas que lo mantuvieron secuestrado hace 24 años, ya están libres, y fueron recibidos con homenajes a su salida de prisión en sus pueblos de origen. Mientras que, a él, a la víctima, solo le han homenajeado sus compañeros de Vox, partido del que es fundador.
Me imagino lo que debió sentir el bueno de José Antonio cuando vio el otro día ese obsceno acto de propaganda protagonizado por Pedro Sánchez en la copia del zulo en el que estuvo secuestrado el exfuncionario de prisiones, una copia que se puede visitar en el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo inaugurado hace unos días en Vitoria.
Nuestro amoral presidente, socio de EH Bildu, partido de los herederos de ETA que organiza los homenajes a los terroristas cuando salen de prisión, no tuvo ningún reparo en hacerse una foto que ha indignado a muchos españoles. Este canalla, recordemos que agradeció el apoyo de los bilduetarras a sus PGE calificándoles de “valientes” y “patriotas”, unas palabras amables que el Partido Socialista no ha tenido nunca ni para Ortega Lara ni para su partido, que sí condena el terrorismo.
En una entrevista, Ortega Lara, le ha recordado a Sánchez una frase de Cicerón “somos esclavos de la ley para poder ser libres. Sólo dentro del Estado de Derecho podemos desarrollar nuestra libertad”. Afirmando también que “Somos una civilización decadente y España lo es como país. Hemos abandonado los principios más básicos que forjaron nuestra civilización. El pensamiento griego, el edificio jurídico romano y el pensamiento judeocristiano. Hasta en la constitución europea hemos renegado del cristianismo. Cuando a todo eso añades la corrupción, la pérdida de tradiciones que en muchas ocasiones son fuente de sabiduría, el principio de autoridad que es muy importante… Es que ahora vivimos una etapa nihilista en la que ya no se acepta ni la autoridad civil ni la autoridad moral”.